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Obras

Chapter 9 of 20

Obras — Part 9

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a escudriñar la causa desto ver contino tan recio en mí el efeto, 50 y hallo que el provecho, el ornamento, el gusto y el placer que se me sigue del vínculo de amor que nuestro genio enredó sobre nuestros corazones, son cosas que de mí no salen fuera, 55 y en mí el provecho solo se convierte. Mas el amor, de donde por ventura nacen todas las cosas, si hay algunas que a vuestra utilidad y gusto miren, es razón grande que en mayor estima 60 tenido sea de mí, que todo el resto, cuánto más generosa y alta parte es el hacer el bien que el recebillo;[291] así que amando me deleito, y hallo que no es locura este deleite mío. 65 ¡Oh cuán corrido estoy y arrepentido de haberos alabado el tratamiento del camino de Francia y las posadas![292] Corrido de que ya por mentiroso con razón me tendréis; arrepentido 70 de haber perdido tiempo en alabaros cosa tan dina ya de vituperio; donde no hallaréis sino mentiras, vinos acedos, camareras feas, varletes codiciosos, malas postas,[293] 75 gran paga, poco argén, largo camino;[294] llegar al fin a Nápoles no habiendo dejado allá enterrado algún tesoro, salvo si no decís que es enterrado lo que nunca se halla ni se tiene. 80 A mi señor Dural estrechamente[295] abrazad de mi parte, si pudierdes. Doce del mes de Otubre, de la tierra do nació el claro fuego del Petrarca, y donde están del fuego las cenizas.[296] 85 CANCIÓN PRIMERA Si a la región desierta, inhabitable por el hervor del sol demasiado, y sequedad de aquella arena ardiente; o a la que por el hielo congelado y rigurosa nieve es intratable, 5 del todo inhabitada de la gente, por algún acidente o acaso de fortuna desastrada, me fuésedes llevada, y supiese que allá vuestra dureza 10 estaba en su crueza, allá os iría a buscar, como perdido,[297] hasta morir a vuestros pies tendido.[298] Vuestra soberbia y condición esquiva acabe ya, pues es tan acabada 15 la fuerza de en quien ha de esecutarse.[299] Mirad bien que el amor se desagrada deso, pues quiere que el amante viva y se convierta a do piense salvarse.[300] El tiempo ha de pasarse, 20 y de mis males, arrepentimiento, confusión y tormento sé que os ha de quedar, y esto recelo; ¡que aún de aquesto me duelo! Como en mí vuestros males son de otra arte, 25 duélenme en más sensible y tierna parte. Así paso la vida, acrecentando materia de dolor a mis sentidos, como si la que tengo no bastase; los cuales para todo están perdidos, 30 sino para mostrarme a mí cuál ando. Pluguiese a Dios que aquesto aprovechase para que yo pensase un rato en mi remedio, pues os veo siempre ir con un deseo 35 de perseguir al triste y al caído; yo estoy aquí tendido,[301] mostrándoos de mi muerte las señales, y vos viviendo solo de mis males. Si aquella amarillez y los sospiros[302] 40 salidos sin licencia de su dueño; si aquel hondo silencio no han podido un sentimiento grande ni pequeño mover en vos, que baste convertiros a siquiera saber que soy nacido, 45 baste ya haber sufrido tanto tiempo, a pesar de lo que basto; que a mí mismo contrasto,[303] dándome a entender que mi flaqueza me tiene en la tristeza 50 en que estoy puesto, y no lo que yo entiendo; así que con flaqueza me defiendo. Canción, no has de tener comigo que ver más en malo o en bueno; trátame como ajeno, 55 que no te faltará de quien lo aprendas. Si has miedo que me ofendas, no quieras hacer más por mi derecho de lo que hice yo, que el mal me he hecho. CANCIÓN SEGUNDA La soledad siguiendo, rendido a mi fortuna, me voy por los caminos que se ofrecen, por ellos esparciendo mis quejas de una en una 5 al viento, que las lleva do perecen;[304] puesto que ellas merecen ser de vos escuchadas, pues son tan bien vertidas, he lástima de ver que van perdidas 10 por donde suelen ir las remediadas. A mí se han de tornar, adonde para siempre habrán de estar.[305] Mas ¿qué haré, señora, en tanta desventura? 15 ¿Adónde iré, si a vos no voy con ella? ¿De quién podré yo agora valerme en mi tristura, si en vos no halla abrigo mi querella? Vos sola sois aquella 20 con quien mi voluntad recibe tal engaño, que viéndoos holgar siempre con mi daño, me quejo a vos, como si en la verdad vuestra condición fuerte 25 tuviese alguna cuenta con mi muerte. Los árboles presento entre las duras peñas por testigo de cuanto os he encubierto; de lo que entrellas cuento 30 podrán dar buenas señas, si señas pueden dar del desconcierto. Mas ¿quién tendrá concierto en contar el dolor, que es de orden enemigo? 35 No me den pena, pues, por lo que digo; que ya no me refrenará el temor. ¡Quién pudiese hartarse[306] de no esperar remedio y de quejarse! Mas esto me es vedado 40 con unas obras tales con que nunca fue a nadie defendido; que si otros han dejado de publicar sus males, llorando el mal estado a que han venido, 45 señora, no habrá sido sino con mejoría y alivio en su tormento; mas ha venido en mí a ser lo que siento de tal arte, que ya en mi fantasía 50 no cabe; y así, quedo sufriendo aquello que decir no puedo. Si por ventura estiendo alguna vez mis ojos por el proceso luengo de mis daños, 55 con lo que me defiendo de tan grandes enojos, solamente es allí con mis engaños; mas vuestros desengaños vencen mi desvarío 60 y apocan mis defensas. Sin yo poder dar otras recompensas, sino que, siendo vuestro más que mío, quise perderme así, por vengarme de vos, señora, en mí. 65 Canción, yo he dicho más que me mandaron, y menos que pensé; no me pregunten más, que lo diré.[307] CANCIÓN TERCERA Con un manso ruído de agua corriente y clara, cerca el Danubio una isla, que pudiera[308] ser lugar escogido para que descansara 5 quien como yo estó agora, no estuviera; do siempre primavera parece en la verdura sembrada de las flores; hacen los ruiseñores 10 renovar el placer o la tristura con sus blandas querellas, que nunca día ni noche cesan dellas. Aquí estuve yo puesto, o por mejor decillo, 15 preso y forzado y solo en tierra ajena;[309] bien pueden hacer esto en quien puede sufrillo y en quien él a sí mismo se condena. Tengo solo una pena, 20 si muero desterrado y en tanta desventura, que piensen por ventura que juntos tantos males me han llevado; y sé yo bien que muero 25 por solo aquello que morir espero. El cuerpo está en poder y en manos de quien puede hacer a su placer lo que quisiere; mas no podrá hacer 30 que mal librado quede, mientras de mí otra prenda no tuviere. Cuando ya el mal viniere y la postrera suerte, aquí me ha de hallar, 35 en el mismo lugar; que otra cosa más dura que la muerte me halla y ha hallado; y esto sabe muy bien quien lo ha probado. No es necesario agora 40 hablar más sin provecho, que es mi necesidad muy apretada; pues ha sido en un hora todo aquello deshecho en que toda mi vida fue gastada. 45 Y al fin de tal jornada ¿presumen espantarme? Sepan que ya no puedo morir sino sin miedo; que aun nunca qué temer quiso dejarme 50 la desventura mía, que el bien y el miedo me quitó en un día. Danubio, río divino,[310] que por fieras naciones[311] vas con tus claras ondas discurriendo, 55 pues no hay otro camino por donde mis razones vayan fuera de aquí, sino corriendo por tus aguas y siendo en ellas anegadas; 60 si en tierra tan ajena en la desierta arena fueren de alguno acaso en fin halladas, entiérrelas, siquiera, porque su error se acabe en tu ribera. 65 Aunque en el agua mueras, canción, no has de quejarte; que yo he mirado bien lo que te toca. Menos vida tuvieras si hubieras de igualarte 70 con otras que se me han muerto en la boca. Quién tiene culpa desto, allá lo entenderás de mí muy presto. CANCIÓN CUARTA[312] El aspereza de mis males quiero[313] que se muestre también en mis razones, como ya en los efetos se ha mostrado. Lloraré de mi mal las ocasiones, sabrá el mundo la causa por que muero, 5 y moriré a lo menos confesado.[314] Pues soy por los cabellos arrastrado de un tan desatinado pensamiento, que por agudas peñas peligrosas, por matas espinosas, 10 corre con ligereza más que el viento, bañando de mi sangre la carrera; y para más despacio atormentarme, llévame alguna vez por entre flores, a do de mis tormentos y dolores 15 descanso, y dellos vengo a no acordarme; mas él a más descanso no me espera; antes, como me ve desta manera, con un nuevo furor y desatino toma a seguir el áspero camino. 20 No vine por mis pies a tantos daños; fuerzas de mi destino me trajeron, y a la que me atormenta me entregaron. Mi razón y juicio bien creyeron guardarme, como en los pasados años 25 de otros graves peligros me guardaron; mas cuando los pasados compararon con los que venir vieron, no sabían lo que hacer de sí ni dó meterse; que luego empezó a verse 30 la fuerza y el rigor con que venían. Mas de pura vergüenza constreñida, con tardo paso y corazón medroso al fin ya mi razón salió al camino. Cuanto era el enemigo más vecino, 35 tanto más el recelo temeroso le mostraba el peligro de su vida. Pensar en el temor de ser vencida, la sangre alguna vez le calentaba, mas el mismo temor se la enfriaba. 40 Estaba yo a mirar, y peleando en mi defensa mi razón estaba cansada, y en mil partes ya herida; y sin ver yo quién dentro me incitaba, ni saber cómo, estaba deseando 45 que allí quedase mi razón vencida.[315] Nunca en todo el proceso de mi vida cosa se me cumplió que desease tan presto como aquesta; que a la hora[316] se rindió la señora, 50 y al siervo consintió que gobernase[317] y usase de la ley del vencimiento. Entonces yo sentime salteado de una vergüenza libre y generosa; corrime gravemente que una cosa 55 tan sin razón hubiese así pasado. Luego siguió el dolor al corrimiento de ver mi reino en mano de quien cuento que me da vida y muerte cada día, y es la más moderada tiranía. 60 Los ojos, cuya lumbre bien pudiera tornar clara la noche tenebrosa, y escurecer al sol a mediodía, me convirtieron luego en otra cosa. En volviéndose a mí la vez primera 65 con el calor del rayo que salía de su vista, que en mí se difundía, y de mis ojos la abundante vena de lágrimas, al sol que me inflamaba, no menos ayudaba 70 a hacer mi natura en todo ajena de lo que era primero. Corromperse sentí el sosiego y libertad pasada, y el mal de que muriendo estó, engendrarse, y en tierra sus raíces ahondarse 75 tanto cuanto su cima levantada sobre cualquier altura hace verse. El fruto que de aquí suele cogerse, mil es amargo, alguna vez sabroso; mas mortífero siempre y ponzoñoso. 80 De mí agora huyendo, voy buscando a quien huye de mí como enemiga; que al un error añado el otro yerro, y en medio del trabajo y la fatiga estoy cantando yo, y está sonando 85 de mis atados pies el grave hierro; mas poco dura el canto si me encierro acá dentro de mí, porque allí veo un campo lleno de desconfianza. Muéstrame la esperanza 90 de lejos su vestido y su meneo; mas ver su rostro nunca me consiente. Torno a llorar mis daños, porque entiendo que es un crudo linaje de tormento para matar aquel que está sediento, 95 mostralle el agua por que está muriendo; de la cual el cuitado juntamente la claridad contempla, el ruido siente; mas cuando llega ya para bebella, gran espacio se halla lejos della.[318] 100 De los cabellos de oro fue tejida la red que fabricó mi sentimiento, do mi razón revuelta y enredada con gran vergüenza suya y corrimiento, sujeta al apetito y sometida, 105 en público adulterio fue tomada, del cielo y de la tierra contemplada.[319] Mas ya no es tiempo de mirar yo en esto, pues no tengo con qué considerallo, y en tal punto me hallo, 110 que estoy sin armas en el campo puesto, y el paso ya cerrado y la huida. ¿Quién no se espantará de lo que digo? Que es cierto que he venido a tal estremo, que del grave dolor que huyo y temo, 115 me hallo algunas veces tan amigo, que en medio dél, si vuelvo a ver la vida de libertad, la juzgo por perdida, y maldigo las horas y momentos gastados mal en libres pensamientos. 120 No reina siempre aquesta fantasía, que en imaginación tan variable no se reposa un hora el pensamiento. Viene con un rigor tan intratable a tiempos el rigor, que al alma mía 125 desampara, huyendo, el sufrimiento, lo que dura la fuerza del tormento. No hay parte en mí que no se me trastorne y que en torno de mí no esté llorando; de nuevo protestando 130 que de la vía espantosa atrás me torne. Esto ya por razón no va fundado, ni le dan parte dello a mi juicio, que este discurso todo es ya perdido; mas es en tanto daño del sentido 135 este dolor, y en tanto perjuicio, que todo lo sensible atormentado, del bien, si alguno tuvo, ya olvidado está de todo punto, y solo siente la furia y el rigor del mal presente. 140 En medio de la fuerza del tormento una sombra de bien se me presenta, do el fiero ardor un poco se mitiga. Figúraseme cierto a mí que sienta alguna parte de lo que yo siento 145 aquella tan amada mi enemiga. Es tan incomportable la fatiga, que si con algo yo no me engañase para poder llevalla, moriría; y así, me acabaría 150 sin que de mí en el mundo se hablase. Así que, del estado más perdido saco algún bien; mas luego en mí la suerte trueca y revuelve el orden; que algún hora, si el mal acaso un poco en mí mejora, 155 aquel descanso luego se convierte en un temor que me ha puesto en olvido aquella por quien sola me he perdido. Así, del bien que un rato satisface, nace el dolor que el alma me deshace. 160 Canción, si quien te viere se espantare de la instabilidad y ligereza y revuelta del vago pensamiento; estable, grave y firme es el tormento le di, que es causa; cuya fortaleza 165 es tal, que en cualquier parte que tocare, la hará revolver hasta que pare en aquel fin de lo terrible y fuerte, que todo el mundo afirma que es la muerte. CANCIÓN QUINTA Si de mi baja lira[320] tanto pudiese el son, que un momento aplacase la ira del animoso viento, y la furia del mar y el movimiento;[321] 5 y en ásperas montañas con el suave canto enterneciese las fieras alimañas, los árboles moviese, y al son confusamente los trajese;[322] 10 no pienses que cantado sería de mí, hermosa flor de Nido,[323] el fiero Marte airado, a muerte convertido, de polvo y sangre y de sudor teñido; 15 ni aquellos capitanes en las sublimes ruedas colocados,[324] por quien los alemanes el fiero cuello atados, y los franceses van domesticados.[325] 20 Mas solamente aquella fuerza de tu beldad sería cantada, y alguna vez con ella también sería notada el aspereza de que estás armada; 25 y cómo por ti sola, y por tu gran valor y hermosura, convertida en viola,[326] llora su desventura el miserable amante en su figura. 30 Hablo de aquel cativo, de quien tener se debe más cuidado, que está muriendo vivo, al remo condenado, en la concha de Venus amarrado.[327] 35 Por ti, como solía, del áspero caballo no corrige la furia y gallardía, ni con freno le rige, ni con vivas espuelas ya le aflige. 40 Por ti, con diestra mano no revuelve la espada presurosa, y en el dudoso llano huye la polvorosa palestra como sierpe ponzoñosa.[328] 45 Por ti, su blanda musa, en lugar de la cítara sonante, tristes querellas usa,[329] que con llanto abundante hacen bañar el rostro del amante. 50 Por ti, el mayor amigo le es importuno, grave y enojoso; yo puedo ser testigo, que ya del peligroso naufragio fui su puerto y su reposo. 55 Y agora en tal manera vence el dolor a la razón perdida, que ponzoñosa fiera nunca fue aborrecida tanto como yo dél, ni tan temida. 60 No fuiste tú engendrada ni producida de la dura tierra; no debe ser notada que ingratamente yerra quien todo el otro error de sí destierra.[330] 65 Hágate temerosa el caso de Anajerete, y cobarde, que de ser desdeñosa se arrepintió muy tarde; y así, su alma con su mármol arde.[331] 70 Estábase alegrando del mal ajeno el pecho empedernido, cuando abajo mirando, el cuerpo muerto vido del miserable amante, allí tendido. 75 Y al cuello el lazo atado, con que desenlazó de la cadena el corazón cuitado, que con su breve pena compró la eterna punición ajena. 80 Sintió allí convertirse en piedad amorosa el aspereza. ¡Oh tarde arrepentirse! ¡Oh última terneza! ¿Cómo te sucedió mayor dureza? 85 Los ojos se enclavaron en el tendido cuerpo que allí vieron, los huesos se tornaron más duros y crecieron, y en sí toda la carne convirtieron; 90 las entrañas heladas tornaron poco a poco en piedra dura; por las venas cuitadas la sangre su figura iba desconociendo