Lipi
Sign in
←

Lipi Heritage · Free forever

Obras

Chapter 5 of 20

Obras — Part 5

Listen to this section

Uses your saved EN voice · Narration settings

Narration reads this chapter in responsive sections.

furor nuevo. ALBANIO ¡Oh Dios! ¿Por qué no pruebo a echarme dentro hasta llegar al centro de la fuente? 985 SALICIO ¿Qué es esto, Albanio? Tente. ALBANIO ¡Oh manifiesto ladrón! Mas ¿qué es aquesto? Y ¿es muy bueno vestiros de lo ajeno, y ante el dueño, como si fuese un leño sin sentido, venir muy revestido de mi carne? 990 Yo haré que descarne esa alma osada aquesta mano airada. SALICIO Está quedo. Llega tú, que no puedo detenelle. NEMOROSO Pues ¿qué quieres hacelle? SALICIO ¿Yo? dejalle, si desenclavijalle yo acabase 995 la mano, a que escapase mi garganta. NEMOROSO No tiene fuerza tanta; solo puedes[142] hacer lo que tú debes a quien eres. SALICIO ¡Qué tiempo de placeres y de burlas! ¿Con la vida te burlas, Nemoroso? 1000 Ven ya, no estés donoso. NEMOROSO Luego vengo, en cuanto me detengo yo aquí un poco. Veré cómo de un loco te desatas. SALICIO ¡Ay! paso, que me matas. ALBANIO Aunque mueras... NEMOROSO Ya aquello va de veras. Suelta, loco. 1005 ALBANIO Déjame estar un poco, que ya acabo. NEMOROSO Suelta ya. ALBANIO ¿Qué te hago? NEMOROSO ¿A mí? No, nada. ALBANIO Pues vete tu jornada, y nunca entiendas en ajenas contiendas. SALICIO ¡Ah, furioso! Afierra, Nemoroso; tenle fuerte.[143] 1010 Yo te daré la muerte, don Perdido. Ténmele tú tendido mientras lo ato; probemos así un rato a castigallo. Quizá con espantallo habrá algún miedo. ALBANIO Señores, si estoy quedo ¿dejareisme? 1015 SALICIO No. ALBANIO ¡Pues qué! ¿matareisme? SALICIO Sí. ALBANIO ¿Sin falta? Mira cuánto más alta aquella sierra está que la otra tierra. NEMOROSO Bueno es esto. Él olvidará presto la braveza. SALICIO Calla, que así se aveza a tener seso. 1020 ALBANIO ¿Cómo? ¡Azotado y preso! SALICIO Calla, escucha. ALBANIO Negra fue aquella lucha que contigo hice, que tal castigo dan tus manos. ¿No éramos como hermanos de primero? NEMOROSO Albanio, compañero, calla agora, 1025 y duerme aquí algún hora, y no te muevas. ALBANIO ¿Sabes algunas nuevas de mí? SALICIO Loco. ALBANIO Paso, que duermo un poco. SALICIO ¿Duermes, cierto? ALBANIO ¿No me ves como un muerto? Pues ¿qué hago? SALICIO Este te dará el pago, si despiertas, 1030 en esas carnes muertas, te prometo. NEMOROSO Algo está más quieto y reposado que hasta aquí. ¿Qué dices tú, Salicio? ¿Parécete que puede ser curado? SALICIO En procurar cualquiera beneficio 1035 a la vida y salud de un tal amigo haremos el debido y justo oficio. NEMOROSO Escucha, pues, un poco lo que digo, y contaré una estraña y nueva cosa, de que yo fui la parte y el testigo. 1040 En la ribera verde y deleitosa[144] del sacro Tormes, dulce y claro río, hay una vega grande y espaciosa, verde en el medio del invierno frío, en el otoño verde y primavera, 1045 verde en la fuerza del ardiente estío. Levántase al fin della una ladera con proporción graciosa en el altura, que sojuzga la vega y la ribera. Allí está sobrepuesta la espesura 1050 de las hermosas torres, levantadas al cielo con estraña hermosura.[145] No tanto por la fábrica estimadas, aunque estraña labor allí se vea, cuanto de sus señores ensalzadas. 1055 Allí se halla lo que se desea: virtud, linaje, haber y todo cuanto bien de natura o de fortuna sea. Un hombre mora allí de ingenio tanto,[146] que toda la ribera adonde él vino 1060 nunca se harta de escuchar su canto. Nacido fue en el campo placentino,[147] que con estrago y destruición romana en el antiguo tiempo fue sanguino;[148] y en este, con la propia, la inhumana 1065 furia infernal, por otro nombre guerra, lo tiñe, lo arruína y lo profana. Él, viendo aquesto, abandonó su tierra, por ser más del reposo compañero, que de la patria que el furor atierra.[149] 1070 Llevole a aquella parte el buen agüero, de aquella tierra de Alba tan nombrada, que este es el nombre della, y dél Severo. A aqueste Febo no le escondió nada; antes de piedras, hierbas y animales 1075 diz que le fue noticia entera dada. Este, cuando le place, a los caudales ríos el curso presuroso enfrena con fuerza de palabras y señales. La negra tempestad en muy serena 1080 y clara luz convierte, y aquel día, si quiere revolvello, el mundo atruena. La luna de allá arriba bajaría si al son de las palabras no impidiese el son del carro que la mueve y guía. 1085 Temo que si decirte presumiese de su saber la fuerza con loores, que en lugar de alaballo, lo ofendiese. Mas no te callaré que los amores con un tan eficaz remedio cura, 1090 cuanto conviene a tristes amadores. En un punto remueve la tristura, convierte en odio aquel amor insano, y restituye el alma a su natura.[150] No te sabré decir, Salicio hermano, 1095 la orden de mi cura y la manera; mas sé que me partí dél libre y sano. Acuérdaseme bien que en la ribera de Tormes lo hallé solo cantando, tan dulce, que a una piedra enterneciera. 1100 Como cerca me vido, adivinando la causa y la razón de mi venida, suspenso un rato estuvo allí callando; y luego con voz clara y espedida soltó la rienda al verso numeroso 1105 en alabanzas de la libre vida. Yo estaba embebecido y vergonzoso; atento al son, y viéndome del todo fuera de libertad y de reposo, no sé decir sino que, en fin, de modo 1110 aplicó a mi dolor la medicina, que el mal desarraigó de todo en todo. Quedé yo entonces como quien camina de noche por caminos enriscados, sin ver dónde la senda o paso inclina, 1115 mas venida la luz, y contemplados, del peligro pasado nace un miedo, que deja los cabellos erizados. Así estaba mirando atento y quedo aquel peligro yo que atrás dejaba, 1120 que nunca sin temor pensado puedo. Tras esto luego se me presentaba, sin antojos delante, la vileza de lo que antes ardiendo deseaba. Así curó mi mal con tal destreza 1125 el sabio viejo, como te he contado, que volvió el alma a su naturaleza, y soltó el corazón aherrojado. SALICIO ¡Oh gran saber! ¡Oh viejo frutuoso! que el perdido reposo al alma vuelve, 1130 y lo que la revuelve y lleva a tierra del corazón destierra encontinente. Con esto solamente que contaste, así lo reputaste acá comigo, que sin otro testigo, a desealle 1135 ver presente y hablalle me levantas. NEMOROSO ¿Desto poco te espantas tú, Salicio? De más te daré indicio manifiesto, si no te soy molesto y enojoso. SALICIO ¿Qué es esto, Nemoroso, y qué cosa 1140 puede ser tan sabrosa en otra parte a mí, como escucharte? No la siento, cuanto más este cuento de Severo; dímelo por entero, por tu vida, pues no hay quien nos impida ni embarace. 1145 Nuestro ganado pace, el viento espira, Filomena sospira en dulce canto, y en amoroso llanto se amancilla;[151] gime la tortolilla sobre el olmo, preséntanos a colmo el prado flores, 1150 y esmalta en mil colores su verdura; la fuente clara y pura murmurando nos está convidando a dulce trato. NEMOROSO Escucha, pues, un rato, y diré cosas estrañas y espantosas poco a poco. 1155 Ninfas, a vos invoco; verdes faunos, sátiros y silvanos, soltad todos mi lengua en dulces modos y sutiles; que ni los pastoriles ni la avena[152] ni la zampoña suena como quiero. 1160 Este nuestro Severo pudo tanto con el suave canto y dulce lira, que, revueltos en ira y torbellino, en medio del camino se pararon los vientos, y escucharon muy atentos 1165 la voz y los acentos, muy bastantes a que los repunantes y contrarios hiciesen voluntarios y conformes. A aqueste el viejo Tormes como a hijo lo metió al escondrijo de su fuente, 1170 de do va su corriente comenzada. Mostrole una labrada y cristalina urna, donde él reclina el diestro lado; y en ella vio entallado y esculpido lo que antes de haber sido, el sacro viejo 1175 por divino consejo puso en arte, labrado a cada parte, las estrañas virtudes y hazañas de los hombres que con sus claros nombres ilustraron cuanto señorearon de aquel río. 1180 Estaba con un brío desdeñoso, con pecho corajoso, aquel valiente que contra un rey potente y de gran seso, que el viejo padre preso le tenía,[153] cruda guerra movía, despertando 1185 su ilustre y claro bando al ejercicio de aquel piadoso oficio. A aqueste junto la gran labor al punto señalaba al hijo, que mostraba acá en la tierra ser otro Marte en guerra, en corte Febo.[154] 1190 Mostrábase mancebo en las señales del rostro, que eran tales, que esperanza y cierta confianza claro daban a cuantos le miraban, que él sería en quien se informaría un ser divino. 1195 Al campo sarracino en tiernos años daba con graves daños a sentillo;[155] que, como fue caudillo del cristiano, ejercitó la mano y el maduro seso y aquel seguro y firme pecho. 1200 En otra parte, hecho ya más hombre, con más ilustre nombre los arneses de los fieros franceses abollaba.[156] Junto tras esto estaba figurado con el arnés manchado de otra sangre, 1205 sosteniendo la hambre en el asedio, siendo él solo remedio del combate, que con fiero rebate y con ruído por el muro batido le ofrecían. Tantos, al fin, morían por su espada, 1210 a tantos la jornada puso espanto, que no hay labor que tanto notifique cuánto el fiero Fadrique de Toledo puso terror y miedo al enemigo. Tras aqueste que digo se veía 1215 el hijo don García, que en el mundo[157] sin par y sin segundo solo fuera, si hijo no tuviera. ¿Quién mirara de su hermosa cara el rayo ardiente, quién su resplandeciente y clara vista, 1220 que no diera por vista su grandeza? Estaban de crueza fiera armadas las tres inicas hadas, cruda guerra[158] haciendo allí a la tierra con quitalle a este, que en alcanzalle fue dichosa. 1225 ¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves los ojos a los Gelves, sospirando![159] Él está ejercitando el duro oficio, y con tal artificio la pintura mostraba su figura, que dijeras, 1230 si pintado le vieras, que hablaba. El arena quemaba, el sol ardía, la gente se caía medio muerta; él solo con despierta vigilanza dañaba la tardanza floja, inerte, 1235 y alababa la muerte gloriosa. Luego la polvorosa muchedumbre gritando a su costumbre le cercaba; mas el que se llegaba al fiero mozo, llevaba con destrozo y con tormento 1240 del loco atrevimiento el justo pago. Unos en bruto lago de su sangre, cortado ya el estambre de la vida, la cabeza partida revolcaban; otros claro mostraban espirando, 1245 de fuera palpitando las entrañas, por las fieras y estrañas cuchilladas de aquella mano dadas. Mas el hado acerbo, triste, airado, fue venido; y al fin él, confundido de alboroto, 1250 atravesado y roto de mil hierros, pidiendo de sus yerros venia al cielo, puso en el duro suelo la hermosa cara, como la rosa matutina,[160] cuando ya el sol declina al mediodía, 1255 que pierde su alegría, y marchitando va la color mudando; o en el campo cual queda el lirio blanco, que el arado crudamente cortado al pasar deja, del cual aún no se aleja presuroso 1260 aquel color hermoso, o se destierra; mas ya la madre tierra, descuidada, no le administra nada de su aliento, que era el sustentamiento y vigor suyo; ¡Tal está el rostro tuyo en la arena, 1265 fresca rosa, azucena blanca y pura! Tras esto una pintura estraña tira los ojos de quien mira, y los detiene tanto, que no conviene mirar cosa estraña ni hermosa, sino aquella. 1270 De vestidura bella allí vestidas las Gracias esculpidas se veían; solamente traían un delgado velo, que el delicado cuerpo viste; mas tal, que no resiste a nuestra vista. 1275 Su diligencia en vista demostraban;[161] todas tres ayudaban en un hora a una muy gran señora que paría.[162] Un infante se vía ya nacido,[163] tal, cual jamás salido de otro parto, 1280 del primer siglo al cuarto vio la luna.[164] En la pequeña cuna se leía un nombre que decía: _Don Fernando_. Bajaban, dél hablando, de dos cumbres[165] aquellas nueve lumbres de la vida;[166] 1285 con ligera corrida iba con ellas, cual luna con estrellas, el mancebo intonso y rubio Febo; y en llegando,[167] por orden abrazando todas fueron al niño, que tuvieron luengamente 1290 visto como presente. De otra parte[168] Mercurio estaba, y Marte cauto y fiero, viendo el gran caballero que encogido en el recién nacido cuerpo estaba. Entonces lugar daba mesurado 1295 a Venus, que a su lado estaba puesta. Ella con mano presta y abundante nétar sobre el infante desparcía;[169] mas Febo la desvía de aquel tierno niño, y daba el gobierno a sus hermanas. 1300 Del cargo están ufanas todas nueve. El tiempo el paso mueve, el niño crece, y en tierna edad florece, y se levanta como felice planta en buen terreno. Ya sin preceto ajeno daba tales 1305 de su ingenio señales, que espantaban a los que lo criaban. Luego estaba cómo una lo entregaba a un gran maestro, que con ingenio diestro y vida honesta hiciese manifiesta al mundo y clara 1310 aquella ánima rara que allí vía. Al niño recebía con respeto un viejo, en cuyo aspeto se vía junto severidad a un punto con dulzura. Quedó desta figura como helado 1315 Severo, y espantado viendo al viejo, que, como si en espejo se mirara, en cuerpo, edad y cara eran conformes. En esto, el rostro a Tormes revolviendo, vio que estaba riendo de su espanto. 1320 «¿De qué te espantas tanto? --dijo el río-- ¿No basta el saber mío a que primero que naciese Severo, yo supiese que había de ser quien diese la dotrina al ánima divina deste mozo?» 1325 Él, lleno de alborozo y de alegría, sus ojos mantenía de pintura. Miraba otra figura de un mancebo, el cual venía con Febo mano a mano, al modo cortesano. En su manera,[170] 1330 lo juzgara cualquiera, viendo el gesto lleno de un sabio, honesto y dulce afeto, por un hombre perfeto en la alta parte de la difícil arte cortesana, maestra de la humana y dulce vida. 1335 Luego fue conocida de Severo la imagen por entero fácilmente deste que allí presente era pintado. Vio que era el que había dado a don Fernando, su ánimo formando en luenga usanza, 1340 el trato, la crianza y gentileza, la dulzura y llaneza acomodada, la virtud apartada y generosa, y en fin, cualquiera cosa que se vía en la cortesanía, de que lleno 1345 Fernando tuvo el seno y bastecido. Después de conocido, leyó el nombre Severo de aqueste hombre que se llama Boscán, de cuya llama clara y pura sale el fuego que apura sus escritos, 1350 que en siglos infinitos tendrán vida. De algo más crecida edad miraba al niño que escuchaba sus consejos, luego los aparejos ya de Marte, estotro puesto aparte, le traía. 1355 Así les convenía a todos ellos, que no pudiera dellos dar noticia a otro la milicia en muchos años. Obraba los engaños de la lucha; la maña y fuerza mucha y ejercicio 1360 con el robusto oficio está mesclando.[171] Allí con rostro blando y amoroso Venus aquel hermoso mozo mira, y luego lo retira por un rato de aquel áspero trato y son de hierro. 1365 Mostrábale ser yerro y ser mal hecho armar contino el pecho de dureza, no dando a la terneza alguna puerta. Entrada en una huerta, con él siendo, una ninfa durmiendo le mostraba. 1370 El mozo la miraba, y juntamente de súbito acidente acometido, estaba embebecido, y a la diosa, que a la ninfa hermosa se allegase mostraba que rogase, y parecía 1375 que la diosa temía de llegarse. Él no podía hartarse de miralla, eternamente amalla proponiendo. Luego venía corriendo Marte airado, mostrándose alterado en la persona, 1380 y daba la corona a don Fernando. Estábale mostrando un caballero que con semblante fiero amenazaba al mozo que quitaba el nombre a todos. Con atentados modos se movía 1385 contra el que le atendía en una puente.[172] Mostraba claramente la pintura que acaso noche escura entonces era. De la batalla fiera era testigo Marte, que al enemigo condenaba 1390 y al mozo coronaba en el fin della; el cual como la estrella relumbrante que el sol envía delante, resplandece. De allí su nombre crece, y se derrama su valerosa fama a todas partes. 1395 Luego con nuevas artes se convierte a hurtar a la muerte y a su abismo gran parte de sí mismo y quedar vivo cuando el vulgo cautivo lo llorare, y muerto lo llamare con deseo. 1400 Estaba el Himeneo allí pintado, el diestro pie calzado en lazos de oro.[173] De vírgenes un coro está cantando, partidas altercando y respondiendo, y en un lecho poniendo una doncella,[174] 1405 que quien atento aquella bien mirase, y bien la cotejase en su sentido con la que el mozo vido allá en la huerta, verá que la despierta y la dormida por una es conocida de presente. 1410 Mostraba juntamente ser señora dina y merecedora de tal hombre. El almohada el nombre contenía, el cual doña María Enriques era.[175] Apenas tienen fuera a don Fernando, 1415 ardiendo y deseando estar ya echado.[176] Al fin era dejado con su esposa, dulce, pura, hermosa, sabia, honesta. En un pie estaba puesta la fortuna, nunca estable ni una, que llamaba 1420 a Fernando, que estaba en vida ociosa, que por dificultosa y ardua vía quisiera ser su guía y ser primera; mas él por compañera toma aquella, siguiendo a la que es bella descubierta, 1425 y juzgada cubierta por disforme; el nombre era conforme a aquesta fama: virtud esta se llama, al mundo rara.[177] ¿Quién tras ella guiara igual en curso, sino este, que el discurso de su lumbre 1430 forzaba la costumbre de sus años, no recibiendo engaños sus deseos? Los montes Pirineos (que se estima[178] de abajo que la cima está en el cielo,