Chapter 18 of 20
Obras — Part 18
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la grandeza de esta estanza.» (Herrera, pág. 250.) Es la única alusión de Garcilaso al dogma católico. [315] «Describe hermosamente aquella interna discordia y guerra en que contrasta, reluchando, la razón, con el apetito sensual y bruto...» (Herrera, pág. 252.) [316] _a la hora_ por _luego, inmediatamente_: el escribano Rodrigo de Idoyaga, que actuó en el proceso de Garcilaso por lo del _desposorio_, empleaba con frecuencia este giro: «dijo que estaba presto de las complir, y para ello ir _a la hora_ a la villa de Tolosa.» «E luego _a la hora_, visto lo susodicho, el dicho Corregidor dijo:» (Navarrete, págs. 211 y 220.) «Él, avergonzado, conoció su yerro; pidió perdón, que le dio _a la hora_ de buena gana, contento de sastisfacerse de su injuria con la muestra de su valor y esfuerzo.» (Mariana, _Historia_. Conquista de Sevilla.) [317] Se rindió la razón al apetito. [318] «Aquí moraliza la fábula de Tántalo, el cual fingen los poetas que está en el infierno metido en el río con el agua hasta la boca, y cuando quiere beber, le huye el agua.» (Brocense, nota 40.) [319] «Moraliza la fábula de Venus, que fingen los poetas que la prendió Vulcano en una sutilísima red, tomándola en adulterio con el dios Marte.» (Brocense, nota 41.) «Clemente Alejandrino dice en el Libro 2.º de su _Pedagogo_, que las cadenas con que fue presa Venus... son el oro y ornato mujeril... los aderezos, y vestidos y joyas, señales del adulterio...» (Herrera, _Anotaciones_, pág. 256. Trató esta fábula Ovidio en sus _Metamórfosis_, lib. IV, fáb. III.) [320] Escribió Garcilaso esta Canción a la _Flor de Gnido_ --D.ª Catalina San Severino, hermana del Príncipe de Bisignano y viuda del Duque de Traggeto-- para persuadirla a ser menos esquiva con Mario Galeota, su cortejante, gran amigo del poeta. Hay otras opiniones, como se verá en la nota al verso 12; pero esta, apoyada directamente en el testimonio de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso, parece la más autorizada. (Herrera, pág. 266.) De esta bellísima composición dicen los críticos que nada le faltó si acertó con su halago a conseguir lo que antes no pudieran los rendimientos y obsequios del galán. (Navarrete, pág. 52.) El nombre de Mario Galeota aparece otra vez en el Soneto XXXIII. [321] Este género de estrofas que Garcilaso trajo al castellano han quedado en nuestra poética con el nombre de _liras_ por aparecer esta palabra en el primero de los presentes versos. Entre los que siguieron a Garcilaso escribiendo en _liras_ sus canciones, ninguno honró tanto esta combinación métrica como el ilustre Fr. Luis de León. [322] Tal fue el maravilloso prodigio que obró el infortunado Orfeo en los montes de Tracia lamentando la pérdida de su bella esposa Eurídice. (V. notas a los versos 942, Eg. II, y 144, Eg. III.) [323] «En Nápoles hay un barrio que se dice _Il Seggio di Gnido_, que es como una parte donde se ayuntan los caballeros. Allí había muchas damas, entre las cuales una, llamada Violante Sant Severino, hija del Duque de Soma, era servida de un amigo de Garcilaso llamado Fabio Galeota.» (Brocense, nota 43.) Por Fabio, hijo de Vicencio Belprato, Conde de Aversa, que sirvió a Violante San Severino, escribió Garcilaso esta Canción, dice Tamayo, fol. 10, sin tener en cuenta la explicación dada antes por Herrera; y de estas afirmaciones viene la duda sobre si los interesados en esta Canción fueron Mario o Fabio, Catalina o Violante. [324] En lo de _sublimes ruedas_ se debe entender _carros triunfales_. (Herrera, pág. 268.) Si aludiese a la _rueda de Fortuna_ sería superfluo el plural _ruedas_, como dice Tamayo, fol. 24; mas Garcilaso habla de los Capitanes romanos y sus triunfos, y así _sublimes ruedas_ serán los carros triunfales y sublimidad del triunfo en que aquellos Capitanes se manifestaban al pueblo entre trofeos de sus victorias y cautivos encadenados; «y al tiempo que los truhanes van delante de los carros triunfales diciendo: _¡Viva, viva la invencible Roma!_, por otra parte los pobres cautivos van, en sus corazones, diciendo a los dioses: _¡Justicia, justicia!_...» (A. de Guevara, _Reloj de Príncipes_.) (Razonamiento de un germano al Senado de Roma.) [325] Aquellos capitanes que domesticaron a los alemanes y a los franceses fueron los romanos, domesticadores también de España. [326] Dice bien Herrera, pág. 266, que lo de ver una alusión al nombre de Violante, en _convertido en viola_, y negar por ello que esta Canción fuese escrita a D.ª Catalina, «es conjetura muy flaca y de poco fundamento». La conjetura es del Brocense, nota 43. [327] Venus apareció en el mar flotando en una concha. _A la concha de Venus amarrado_, es alusión al apellido _Galeota_, como si dijera _galeote_, forzado de la _galera_ de Venus. En esto están de acuerdo el Brocense, nota 43, y Herrera, pág. 269. [328] _Palestra_: «En la habla griega significa _lucha_. Halló la palestra Mercurio, y su invención dice Filostrato que fue en Arcadia; y por ser el autor della, fingieron que era su hija.» (Herrera, _Anotaciones_, 269.) Garcilaso dice _la polvorosa palestra_, por el lugar o sitio donde se lucha. [329] De estos versos se deduce que el cortejante de la _Flor de Gnido_ era poeta; y, al efecto, dice el Brocense, nota 43, que «entre las rimas de diversos poetas hay una elegía de Fabio Galeota a Violante, que comienza: _Andrete senza me, chara Violante_...» Tal noticia defiende mucho a _Fabio_ en cuanto a la propiedad de esta Canción de Garcilaso; mas, por lo que toca a _Mario_, candidato de Herrera, siendo joven, cortesano, galanteador y amigo de nuestro poeta, en tiempos en que tanto se estimaba la poesía en los palacios, no es difícil suponer que también escribiría versos. [330] «Este lugar muchos le han querido enmendar por no entenderle; quiere decir: No debe ser notada una dama de ingrata, pues no tiene otra falta.» (Brocense, nota 43.) «No debe merecer nombre de ingrata quien carece de todos los demás vicios.» (Herrera, 270.) [331] «Esta fábula cuenta largamente -- Ovidio, _Metam._, lib. XIV, fáb. XIII. En suma es que Ifis andaba muy enamorado de Anaxárite, y no pudiéndola enternecer a sus plegarias, amaneciole un día ahorcado a la puerta. Y ella, como le vio, quedose helada y fue vuelta en mármol.» (Brocense, nota 43.) Está traducida por D. Diego de Mendoza, en coplas españolas, en la carta que empieza: «Amor, amor que consientes -- que los días se me alarguen...» (V. _Auts. Esps. Poetas líricos de los s. XVI y XVII_, pág. 73.) [332] _Por las venas la sangre iba_... Los comentadores de Garcilaso han creído hallar en estos versos una noticia de la circulación de la sangre, anterior a las alusiones del español Servet y a la explicación científica del inglés Hervey. [333] «Es _Némesis_ la venganza divina que castiga los soberbios y sus arrogancias.» (Herrera, 273.) [334] El primero que aclimató el soneto en España fue Boscán; Garcilaso acabó de perfeccionar su estructura. Antes que ellos, el Marqués de Santillana escribió sonetos castellanos, pero su ensayo no fructificó. Sobre esto véase M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, págs. 227-232. [335] Lope imitó ceñidamente este soneto en el primero de sus _Rimas Sacras_, y el Duque de Sesa túvolo por modelo cuando en otro soneto, «con puntas de festivo, pero con ribetes de melancólico», lamentó la ruina de su hacienda. (V. F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 68.) [336] Es caso tan lastimoso acuchillar a un rendido que el amante pudo fiar en esta imagen para mover su dama a compasión. Asimismo dijo Torres Naharro: «¿Cuál honra te pudo ser -- Dar lanzada a moro muerto...» (Herrera, pág. 82.) [337] Resulta corto este verso, llanamente pronunciado. Herrera le impone una diéresis violenta: _Y_-_en_-do-me a-le-jan-do-ca-da-dí-a. Tamayo le antepone una sílaba: Y-yen-do-me ale-jan-do... Remedio más sencillo parece deshacer la sinéresis del verso que uno y otro conservan en medio del verso, midiendo: Yen-do-_me_-_a_-le-jan-do-ca-da-dí-a. A esto da derecho la libertad con que los clásicos usaron de la diéresis y de la sinéresis, como se ve en Lope: _Se_-_a_-jus-to o-no-sea-jus-to; y en Góngora: E-llas-po-nían-el-de-dal; Y-yo-po-ní-a-la a-gu-ja. (V. Rodríguez Marín, l. c. en la nota, Eg. II, v. 15.) [338] Dice el poeta que consolaría su amargura volviendo a ver a su dama, ¡teniendo siquiera la esperanza de volverla a ver!; fuera de esto, solo aguarda consuelo en la muerte; mas tan desgraciado se considera, que cree que ni la misma muerte le ha de hacer la misericordia de llevárselo --tan pronto como quisiera él--. Este mismo pensamiento puso Fernando de Cangas en una copla citada por Herrera en sus _Anotaciones_: «Y si es remedio a mi pena -- Morir por causa tan buena -- Yo sé que no moriré; -- Porque no mereceré -- Gozar de gloria tan llena.» El ilustre Azara dice que Garcilaso puso en los seis últimos versos de este soneto «una antítesis ridícula, esto es: que morirá si ve o no ve a su dama.» No es cierto: el poeta no dice _que morirá si ve a su dama_; todo lo contrario. [339] Tras de la tempestad viene la calma. «Con lluvia y noche scura --Si el cielo se escurece, él se serena. -- No si falta ventura -- Agora ha de durar siempre la pena.» Horacio. (V. Brocense, nota 5.) [340] Las amarguras de la ausencia inspiraron a Garcilaso, además del presente soneto, los núms. III, IX, XIX, XX y XXXVI. Del presente y del IX sospechó Tamayo, fols. 7 y 8, que debieron ser escritos en la isla del Danubio, donde el poeta estuvo desterrado. Esto mismo puede sospecharse del núm. XI. [341] En este pasaje y en la Canc. IV, v. 6, da Garcilaso a la frase _traer por los cabellos_ un valor distinto de su uso corriente. Dice traer por los cabellos de la violencia con que es aportado al discurso algún argumento, autoridad o consecuencia: «puesto que los refranes son sentencias breves (dijo Don Quijote a Sancho), muchas veces los traes tan por los cabellos que más parecen disparates que sentencias»; pero Garcilaso no se refiere al discurso, sino a la violencia moral de ser una persona arrastrada involuntariamente a una determinada acción. _Tornado_, vuelto, era ya para Herrera voz envejecida y desusada. [342] Conocer lo mejor y, sin embargo, seguir lo peor es dejar triunfar la pasión sobre el pensamiento, el apetito sobre la voluntad, y esto es tan humano y tan frecuente, que se encontrará repetido en muchos poetas; Herrera cita ejemplos de Ovidio, Petrarca, Chariteo, Salvago, Rebeiro y Hurtado de Mendoza. [343] Empleamos hoy _quien_, _quienes_, cuando el relativo se refiere a persona o cosa personificada; pero el uso antiguo lo empleaba también algunas veces como relativo de cosa: «Quiérote contar las maravillas que este transparente alcázar solapa, de _quien_ yo soy el alcaide...» (Cervantes.) Por ligero tinte de personificación que a una cosa se atribuya, como en este verso ocurre con _inclinación_, cabe el uso de _quien_, según se puede ver en Rioja, Ercilla, Jovellanos, Alcalá Galiano, etc. (V. Andrés Bello, _Obras completas_, tomo IV, Madrid, 1903, págs, 179-182.) [344] El pensamiento de este soneto es muy común entre los poetas. El amante libre de pasados amores y de sus amarguras, jura no volver por tales pasos; pero se le ofrece una nueva ocasión, un amor _que no es como los otros ni está en su mano poderse valer contra él_, y el poeta rinde su corazón una vez más. [345] Esta antigua costumbre, de la cual hablan Virgilio, Horacio, Tasso y otros muchos poetas, no se ha perdido aun entre los marineros, y particularmente la conservan los pescadores. [346] _Como_, no me parece aquí correlativo de _tal_, leo así: «Yo, _como_ vano e incauto había jurado nunca más meterme, etc...» [347] _al camino_ por _en el camino_; este uso de _al_ se conserva aún como provincialismo: «Ricardo no estuvo al baile; le encontré al arco del Alcázar.» (Ávila.) [348] _como perdidos_: ciegamente como locos. (V. Canc. I, verso 12.) [349] _turo_ de _turar_: durar, permanecer. En los valles del Pirineo aragonés es aun corriente esta palabra en la forma de _aturar_: «_atúrame exas crabas_:=» detenme esas cabras. [350] tamaño, _tam magnus_, quiere decir propiamente _tan grande_, pero aquí no con valor comparativo, sino absoluto, como cuando decimos: no se puede vivir en clima _tan frío_. Del uso de esta palabra en este verso han hablado largamente Herrera, _Prete Jacopin_ y Tamayo de Vargas, y un buen comentario de ello se encuentra en Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, pág. 680-681. [351] «Este soneto es, sin comparación, el más dulce y suave de los de Garcilaso.» (Azara.) [352] «Acordábase el Cisne que sus plumas habían vestido más color de fuego que de nieve... que su corazón había quemado muchas veces las alas en torno de unas luces mentidas... y comenzó a llorar lo que antes había cantado; porque derribando de su memoria las imágenes que habían ocupado sus aras, deshojando esperanzas y prendas antiguas, decía inspirado de mejor Numen: _¡Oh, dulces prendas por mi mal halladas!_» (Cienfuegos, _Vida del Grande San Francisco de Borja_, Madrid, 1726, pág. 52.) [353] También Herrera en un soneto decía al Betis: «... destilado --Iré en tu curso largo y extendido, -- en llanto desatado -- Seré en tus blancas manos recogido.» (_Anotaciones_, pág. 129.) [354] Dicen que fue Dafne una hermosísima hija del río Perseo, de Tesalia, y que encendido Apolo en amor loco, la seguía, perdido por ella; y ya que la iba alcanzando, suplicó Dafne a la Tierra, su madre, que la recogiese en sí, librándola de aquel trance, y la tierra escuchó su voto y transformó a la doncella en un bello laurel, al pie del cual tanto ha llorado Apolo su imposible amor, que con sus lágrimas mantiene al laurel siempre verde y lozano. (Ovidio, _Metam._, lib. I, fáb. X.) [355] El símil de la madre y el hijo doliente contenido en estos primeros versos, hállase también rimado por Boscán y Hurtado de Mendoza, y procede, según el Brocense, nota 16, y Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, 302, del gran poeta del amor, Ausías March: «Li’n pren aixi com dona ab son infant, -- Que si veri li demana plorant, --Ha tant poch seny que no l’sab contradir.» (_Cants d’Amor_, XXVIII.) [356] Recuerda en estos versos el prodigio del amoroso llanto de Orfeo, por manera semejante a como se lee en las dos primeras liras de la Canción _A la Flor de Gnido_. [357] Hizo Garcilaso este soneto como epitafio a la sepultura de su hermano D. Fernando, que murió de pestilencia en Nápoles, de edad de veinte años, hallándose en el ejército del Emperador Carlos V contra los franceses. [358] Ese fiero ruido que quiere imitar el estampido del rayo que Vulcano labró en las fraguas del Etna para el padre Júpiter, es el ruido de la artillería, «cruelísimo linaje de máquina militar que llamaron _bombarda_, del estruendo y ardor, y nosotros _lombarda_... Pero no eran estas como las de ahora, sino más cortas y más gruesas, que por ventura debían ser las piezas que hoy llaman _morteros_.» (Herrera, págs. 149-150.) [359] _Parténope_ es la ciudad de Nápoles, como queda dicho en la Eleg. II, v. 38. [360] «Por ventura fue este numeroso y bellísimo y afectuoso soneto escrito a Julio César, poeta napolitano, de la nobilísima casa Caraciola de aquel reino.» (Herrera, página 184.) [361] Garcilaso, partiendo de Nápoles, parece ser que había ido precisamente adonde vivía la dama de Julio, y Julio había quedado en Nápoles, donde vivía la dama de Garcilaso; uno y otro, pues, podían cambiarse _nuevas_, noticias, de sus damas respectivas. ¿Por qué ha de ser _ridículo de puro exquisito_, este modo de explicarse? Azara es algo descontentadizo: Garcilaso no escribió este soneto para nosotros, sino para Julio, que estaría bien enterado de los pormenores de su asunto, y que, por consiguiente, no había de tropezar en las dificultades de que Azara protesta. [362] Una ausencia de la dama del poeta le inspiró las quejas del presente soneto. [363] En un ejemplar antiguo que manejó el Brocense, nota 24, leíase _largueza_ en vez de _guerra_, palabra que, a mi juicio, aclara más el pensamiento del poeta, el cual, acongojado por la partida de su dama, abrázase a su propia pena, deseando atajar así la _largueza_ del camino, es decir, deseando abreviar su vida. [364] «Este soneto fue escrito a D. Pedro de Toledo, Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles; aunque algunos piensan que a D. Alonso de Ávalos, Marqués del Vasto, grande amigo de Garcilaso.» (Herrera, pág. 168.) [365] «El argumento de este soneto es caso particular, y por eso difícil de inteligencia. Parece que yendo a ver a su señora, que tenía descubiertos los pechos, el poeta puso los ojos en ellos, alargándose en la consideración de la belleza del alma, aunque el duro encuentro de la hermosura corporal impidió su intento, y compelió a olvidar su primer pensamiento y parar en la belleza exterior.» (Herrera, pág. 170.) [366] La precedente explicación pareció a Herrera más acertada que las demás conjeturas que se le ocurrieron, y en esto coincidió con el Brocense, el cual decía de este primer terceto, que la dama, pesándole de que el poeta le hubiese visto el pecho, «acudió con la mano a cubrillo y hiriose, con algún alfiler de la beatilla, en él». (Nota 25) Tamayo, fol. 11, se muestra conforme con esta interpretación más _material que espiritual_; sin embargo, Azara dice que «las circunstancias con que lo visten Herrera y Sánchez son conjeturas que no satisfacen». [367] _gonna_: ropa larga de mujer, a manera de bata. El poeta, considerando la picadura del alfiler como golpe de saeta de amor, se duele de que su herida _no hubiese pasado más allá de la gonna_. Este verso «del Petrarca, Canc. IV, Stanc. II, reprehenden, por ser introducido entre los castellanos; más engáñanse, no considerando que debía de ser este soneto para alguna señora de Italia, donde tan favorecido vivió Garcilaso, fuera de que no es cosa vituperable