Chapter 16 of 20
Obras — Part 16
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_antiguo_. [200] «Salió, el Emperador, de Ratisbona con la caballería flamenca y un lucido tren de artillería, pasando por el Danubio a Linz, seguido de numerosa comitiva en barcas construidas al efecto, con el nombre de _nasadas_, cuya dilatada hilera formaba una escuadra de sorprendente vista.» (Navarrete, pág. 42.) [201] _Gran tirano_: entiéndase por el Sultán de Turquía, Solimán el Magnífico, contra quien fue toda esta expedición. [202] «Los Cíclopes fueron unos salvajes en Sicilia, que no tenían más de un ojo en la frente, y eso quiere decir en griego _Ciclops_. Dicen los poetas que son los herreros de Vulcano, al cual llaman aquí _el gran maestro_.» (Brocense, nota 191.) [203] Nuestro lenguaje antiguo empleaba las formas _esora_, _la hora_, _a esas horas_, etc., con el valor castellano actual _entonces_, como el francés _alors_ y el italiano _allora_; esta interpretación conviene en este caso _a aquellas horas_, en vez de suponer como Tamayo, notas, fol. 68, el latinismo _ora_ por _ribera_, cuyo uso, si ha existido, debió ser rarísimo en castellano: comp. _a la hora_, Canc. IV, v. 49, nota. [204] Noticioso el Sultán de los preparativos con que acudía el Emperador, retirose de Viena a Gratz, sin aventurarse a darle la batalla, y después retrocedió definitivamente a Constantinopla. (Navarrete, págs. 42 y 43.) [205] «Don Fernando estuvo en la persecución de algunos de los capitanes enemigos, y anhelando teñir su espada en sangre turca, sintió que la suerte no preparase a los imperiales más difíciles triunfos.» (Navarrete, pág. 43.) Cree este autor que Garcilaso no debió tomar parte en estos sucesos por haber sido desterrado por el Emperador desde el principio de la jornada, cuando el Duque y el poeta llegaron a Ratisbona. (V. nota a la Canc. III, v. 3.) [206] Cuentan que los antiguos coronaban con ramos sus naves después de una victoria, y que tales ramos solían poner en el sagrario o capilla de popa; a esta costumbre pudo aludir Garcilaso, aun cuando lo que dice puede también decirse metafóricamente por las naves que volvían vencedoras. [207] Ha dicho el Sr. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 54, que el pastor _Albanio_, enfermo de mal de amores por la hermosa _Camila_, debe de ser el Duque de Alba, D. Fernando; a esto quiero decir que no acierto a comprender cómo a Garcilaso pudo ocurrírsele introducir dos veces al Duque en esta Égloga con tan distinto carácter, a saber: como Duque en persona y como pastor; como esposo enamorado, correspondido y satisfecho, y, a la vez, como amante desesperado y loco furioso; téngase presente que mientras _Nemoroso_ ha estado elogiando al Duque por su prudencia y su valor, ha tenido a sus pies al mismo _Albanio_, aletargado y rendido en su locura. [208] Es necesario leer _glo-ri-o-so_, como _o-di-o-sas_, soneto XVI, v. 1; nuestros poetas clásicos medían a la manera latina e italiana, _la-bi-os_, _o-di-o_, _glo-ri-a_, y del mismo modo los derivados _fu-ri-o-so_, _in-ge-ni-o-so_, etc. (V. Elías Zerolo, _Noticias de Cariasco y del empleo del verso esdrújulo en el siglo XVI. Legajo de Varios_, París, 1897, y F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, págs. 405-411.) [209] _lustre_ por _lustro_, que fue primitivamente espacio de cuatro años, y que «el uso y abuso de los gramáticos lo ha hecho de cinco». (Herrera, pág. 267.) Cuando la expedición a Alemania (1532) el Duque D. Fernando solo tenía veinticinco años, y Garcilaso veintinueve. [210] _coruscar_, lucir, brillar. El _Dicc. Aut._ solo da _coruscante_ y _corusco_, «resplandeciente, sumamente lucido y brillante». [211] Describe pastoralmente el tiempo de la cena, de la cual es indicio el humo que sale por los _alcores_, chimeneas. [212] Garcilaso dedicó esta Égloga, según afirmación de D. Antonio Puertocarrero, su yerno, a D.ª María de la Cueva, esposa de D. Juan Téllez Girón, Conde de Osuna, fundador del Colegio Mayor y Universidad de dicha villa, y gran amigo de los hombres de letras. D.ª María, ya viuda, fue Camarera mayor de la Reina D.ª Isabel de Valois, tercera mujer de Felipe II, y falleció en Madrid a 19 de abril de 1566. (V. F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, Madrid, 1903, pág. 73.) [213] Garcilaso no ha dejado más _octavas rimas_ que las que componen esta Égloga y la que nos conservó Castillejo (V. Apéndice IV): «_La octava rima_, enteramente desconocida en todas las literaturas de la Península antes de Boscán, es una de las adquisiciones más importantes que este hizo para nuestra métrica, y quizá el género en que sobresalió más. Su modelo inmediato, aunque no único, fueron las estancias compuestas por Bembo para el Carnaval de la corte de Urbino en 1507.» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, 237.) [214] Entiende Tamayo, fol. 68, «que es demasía sin fruto decir que la lengua está en la boca, pues ¿adónde había de estar?,» y sin más que esto, en algunas ediciones se ha corregido el presente verso, imprimiendo: «Mas con la lengua muerta y fría la boca», que es la lectura que el mismo Tamayo proponía. Yo respeto tal _demasía_ porque he visto que Herrera, más escrupuloso que nadie en estas cuestiones, la conserva, y el elegante prosista Cienfuegos, hablando precisamente de la muerte de Garcilaso por la honda impresión que causó en el espíritu del Marqués de Lombay, la repite diciendo: «él vio fría y difunta en su boca aquella espiritosa lengua, ramillete de las más cultas flores de la erudición y de la elocuencia...» (_Vida del Grande San Francisco de Borja_, Madrid, 1726, pág. 48.) [215] «_Carta_ por el papel, en significación latina o italiana.» (Azara.) [216] «En Boscán se hallan en una estancia de una canción los versos que dicen: “_Hablaré yo lo menos que tuviere_ _Que esto será lo más que yo pudiere._” ¿Quién tomó a quién en este último verso? ¿Boscán a Garcilaso o Garcilaso a Boscán? Tamayo afirma, notas, fol. 69, que Boscán aprovechose de este verso como de hacienda de amigo. Ignoro en qué se fundó para decir lo que dijo.» (Castro, pág. 21.) [217] Nadie ha hablado de Garcilaso que no haya repetido este famoso verso, el cual glosa Cienfuegos (_Vida del Grande San Francisco de Borja_, Madrid, 1726, pág. 50) de esta manera: «Él había nacido para decidir aquella antigua batalla entre las armas y las letras, siendo a un tiempo milagro de ambas escuelas... Él hizo cantar las Musas al son de los clarines y de las cajas roncas, como al compás de las cítaras templadas...» [218] _somorgujar_ y _somormujar_, verbo que significa meter debajo del agua, chapuzar, zabullir; la forma verbal se ha hecho sobre el substantivo _somorgujo_, cuya etimología es *_submergulio_, derivado de _submergo_, y con el sentido de _submergulus_. (V. R. Menéndez Pidal, _Gramática Hist._ § 65.) [219] _calar_, bajar, descender. «Entonces se levantó (Don Quijote) y... dándole soga el primo y Sancho, le dejaron calar al fondo de la caverna espantosa.» (_Don Quijote_, I.ª Parte, cap. XXII.) [220] _lacivo_ por _lascivo_, como _picina_ por _piscina_. (Santa Teresa, _Las Moradas_, ed. _Cl. Castellanos_, Madrid, 1910, 11-23; v. nota al v. 383 de la Eg. I.) [221] «Burlaba un poeta de este verso: _nadando dividieron y cortaron_, porque parece que hay en él ripia para henchir el verso, y sobra el _cortaron_. Digo que de no entender el punto, se erraba él, porque se ha de leer: _El agua clara con lascivo juego_ _Nadando dividieron; y cortaron,_ _Hasta que el blanco pie_, etc.» (Brocense, nota 219.) [222] Por lo visto alguno protestó de que el poeta sacase de las aguas a estas ninfas, que siendo moradoras de dicho elemento no podrían vivir en tierra seca. Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de varios autores clásicos. [223] _delgadeza_, _domestiqueza_, Eg. II, v. 180, y _selvatiquez_, Son. XXVIII, tienen procedencia italiana. [224] «Debe Toledo a Garcilaso muchas alabanzas, pues no deja ocasión en que las olvide; y aquí no son encarecidas, sino verdaderas las del oro de sus arenas, pues hasta hoy se experimenta lo que en los tiempos antiguos fue tan recibido.» (Tamayo, notas, fol. 71.) Del aurífero Tajo hablan muchos autores latinos. [225] El de Tracia es Orfeo, a quien se refieren las dos octavas siguientes. [226] «No dejaré de notar el cuidado de las palabras de Garcilaso en todo lo que es ornato de las mujeres, cuya blancura, particularmente en los pies, repite tantas veces.» (Tamayo, notas, fol. 65.) [227] Por si alguno aspira a resolver la cuestión advertiré que hay discrepancia entre los autores sobre si la sierpe que mordió a Eurídice fue pequeña o grande. (V. Brocense, nota 215.) [228] En otro lugar, Eg. II, v. 942, fue necesario decir parte de esta fábula. Dejaron, pues, a Orfeo, marido de Eurídice, que sacase a su esposa de los infiernos, pero con la condición de que no había de mirarla hasta que saliese de los límites y jurisdicción de ellos, y no habiendo podido abstenerse de verla, le fue arrebatada por segunda vez; Orfeo, desesperado de su infortunio, retirose sobre el monte Hemo. (Ovidio, _Metam._, lib. X, fáb. I.) [229] Hallábase Cupido ofendido contra Apolo porque este se había atrevido a burlarse de las astucias del Amor; fue su venganza dispararle una flecha dorada para rendirle al amor de Dafne, y, al mismo tiempo, inspirar a esta un gran desamor hacia Apolo. [230] La fábula de Apolo y Dafne se trata más adelante en el Son. XIII. [231] Cupido hiere con dos géneros de saetas; con las de oro engendra el amor firme y verdadero, v. 152; con las de plomo inspira la antipatía y el desdén. (Ovidio, _Metam._, lib. I, fáb. X.) [232] Adonis, hijo de Mirra, de famosísima belleza, fue amado de Venus con la mayor ternura. Un día estando cazando hirió a un jabalí, el cual se volvió contra él con la mayor furia y le mató. (Ovidio, _Metam._, lib. X, fáb. X.) Y quieren decir que aquel jabalí no fue sino el dios Marte, enamorado de Venus, y convertido expresamente en aquella fiera para matar a Adonis por los celos que le tenía. (Brocense, nota 217.) [233] Porque Herrera creyó excesivo el color de este detalle, contesta Tamayo, notas, fol. 71: «Melindre es llamar _complosiones torpes_ estos afectos cuidadosos en Garcilaso, pues es imitación de Virgilio; díjolo doctamente nuestro poeta con alusión a la costumbre antigua de recibir con la boca, los parientes y amigos, el último aliento de los que se morían...» [234] Pinta Garcilaso en las dos octavas siguientes «la ciudad, cabeza y asiento del Imperio de España, Toledo, su patria, con tanta grandeza y suavidad de palabras, que dudo haya cosa mejor tratada en todas sus obras, ni más digna de la majestad de tan insigne madre, ni del ingenio de tan noble hijo...» (Tamayo, notas, fol. 72.) [235] «Aquí comienza un género de Bucólica que llaman los griegos _canto amebeo_, que es responsorio, en el cual se suele guardar esta ley: que el que comienza es libre, y puede mudar propósitos, mas el que responde y sigue, o ha de decir mucho más en la misma materia, o lo contrario; y ansí se hace aquí imitando el proceder de Virgilio en la primera y séptima Égloga.» (Brocense, nota 225.) [236] Describe exactamente el curso del Tajo en torno de la ciudad de Toledo. [237] Refiérese a las ruedas de las _azudas_, máquinas hidráulicas con que se saca agua de los ríos por el impulso de su misma corriente. «Se llaman _azudas_, voz arábiga, significadora de su color y de su ruido, propiedad particular de las lenguas orientales.» (Tamayo, notas, fol. 73.) [238] «En la pompa funeral que las diosas silvestres hacían a la ninfa, observa sin afectación, Garcilaso, la costumbre de los entierros antiguos... Los antiguos esparcían flores sobre los cuerpos o sepulcros de sus defunctos... Flores cortadas para dar a entender, sin duda, la fragilidad de la vida que retratan las rosas...» (Tamayo, notas, fol. 73 y 74.) [239] «Era señal de tristeza el desperdicio de los cabellos; en los libros sagrados no hay pocos ejemplos de los hebreos,» y lo mismo entre griegos y latinos. (Tamayo, notas, fol. 74.) [240] Recuerda nuevamente Garcilaso la muerte de doña Isabel Freyre. (V. Eg. I, v. 2, nota.) [241] «Una ninfa muerta, a quien las divinidades de los bosques, saliendo de los árboles en que están metidas, cantan y lloran a su vez, y después de haber cumplido con esta triste solemnidad, se vuelven a esconder en los huecos mismos de las encinas, era un argumento nuevo, al paso que sencillo, y que por su naturaleza y por la calidad de los interlocutores podía ser enriquecido con todas las galas del sentimiento y la fantasía.» Tal decía D. Manuel José Quintana (_Poesías castellanas_, ed. 1830, pág. 371.) a propósito de la famosa Égloga de Barahona de Soto, llamada _de las Hamadríades_, cuyo argumento, como se ve, dejó indicado Garcilaso en este lugar. [242] El Brocense dice que halló en un libro antiguo, en vez de _degollada_, _igualada_, que significa _amortajada_. Herrera afirma que _degollada_ se tomaba por _desangrada_, «como decimos cuando sangran mucho a uno, que lo _degolló_ el barbero.» Covarrubias en su _Tesoro de la Lengua castellana_, escribe: «Cuando sacan a uno mucha sangre por las venas, solemos decir que conviene _degollarle_, si el accidente requiere tanta evacuación.» Azara dice que «más natural era que se leyese en el verso _desangrada_, puesto que D.ª Isabel murió de sobreparto. Tamayo acepta la voz _degollada_ siguiendo a Herrera.» (Castro, pág. 22.) [243] Dice _al mar de Lusitania_ porque D.ª Isabel era portuguesa; había venido a la Corte española como dama de honor de la Infanta D.ª Isabel de Portugal, casada en 1526 con Carlos V. [244] Es encarecimiento de las labores de las ninfas, pues el presentar como en relieve figuras llanas «es artificio de la mejor pintura»... (Tamayo, notas, fol. 76.) [245] _trastornarse_, _trasponerse_. Barahona de Soto dio a _trastornarse_ esta misma acepción en los siguientes versos de su Égloga III: «Cual con sencillo rostro y pecho tierno Al levantar del sol o al _trastornarse_ Te ofrecerá el panar recién cogido...» [246] «Adagio es latino: _Aquae furtivae dulciores_. Mucho sabe lo hurtado.» (Brocense, nota 225.) No latino, sino hebreo, cree Tamayo, fol. 77, esto de que _las aguas hurtadas son las más dulces_ o las que mejor saben. [247] «Aquí, sin duda, se descuidó nuestro poeta, porque hace dos vientos, siendo uno; porque al que los griegos llaman _zephyro_, porque trae vida, llaman los latinos _favonio_, porque favorece la vida, de modo que la cosa es una y los nombres son dos.» (Brocense, nota 227.) A este parecer se inclina también Herrera; pero D. Tomás Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de muchos escritores antiguos que, como él, tuvieron a _zefiro_ y _favonio_ por vientos diferentes, notas, fol. 78. D. Adolfo de Castro, pág. 23, prescindiendo de esa defensa, cree que, «o Garcilaso se engañó o puso el nombre de otro viento que equivocaron los escribientes o los impresores». Queda, pues, esta cuestión en planta como la de la sierpe de Eurídice, Eg. III, v. 130. [248] «El cuerno de Amaltea --o cornucopia--, que denota la fertilidad y abundancia de las cosas, no era de buey como fingían los pintores, sino de plata, que quien la tuviere puede pedille lo que quisiere, que se lo dará. Fue Amaltea... una mujer vieja y muy rica que contrataba, la cual guardaba en un cuerno la mayor parte de la ganancia... y robándoselo Hércules lleno de dineros, vivía a su gusto y deleite, y de aquí tuvo origen decir que el cuerno de Amaltea ministraba a Hércules todos los bienes.» (Herrera, pág. 686.) [249] Dijo Garcilaso esto de _morir la yerba_ «por la opinión de Pitágoras que creía que las plantas y otras cosas, no solo vivían, sino que sentían el mal que les hacían; o porque la resolución de la forma no es otra cosa que muerte.» (Tamayo, notas, fol. 79.) Esto último, sin necesidad de acudir a la doctrina pitagórica, es suficiente explicación, dada la natural inclinación y libertad que tienen los poetas para suponer vida y sentimientos en lo inanimado. [250] _escogiolo._ Andrés Rey de Artieda en sus _Discursos, epístolas y epigramas de Artemidoro_, Zaragoza. 1605, censuraba a Garcilaso esta forma, porque, según él, sería más concreto _escogiole_. (Castro, pág. 23.) Nuestro texto --es decir, el de Herrera-- es _loísta_, Eg. II, v. 1088, 1099, 1307, 1308, 1364, 1399, 1400, 1567, etc.; en todos estos casos el de Tamayo es _leísta_. La indecisión entre _le_ y _lo_, que aún dura en nuestra lengua, viene manifestándose desde los textos más antiguos. (V. R. Menéndez Pidal, _El Cantar de Mío Cid_, tomo I, Parte II, § 130.) [251] _Al Duque de Alba en la muerte de D. Bernardino de Toledo, su hermano._ -- De regreso de la conquista de Túnez (1535), y de resultas de los muchos padecimientos que en aquel país ardiente, seco y arenoso había pasado, murió el gallardo joven D. Bernardino de Toledo, hermano del gran Duque de Alba y amadísimo amigo de Garcilaso. Murió en Túnez, según Argote de Molina, _Nobleza de Andalucía_, lib. II, cap. XXII; en Trápana, camino de Palermo, según Sandoval, _Historia de la vida del Emperador Carlos V_, lib. XXII, § 48, o en la ciudad de Palermo, como dice Navarrete, pág. 67, desmintiendo a los anteriores. [252] «Frase italiana.» Azara, _pero_ por _empero_: «quise, _no obstante_, probar si me _bastaría_ el ingenio _para_ escribirte»... [253] «Algunos, pareciéndoles que está falto este verso de Garcilaso, no considerando la diéresis, lo han enmendado o dañado desta suerte: _No quedará ya toda tu alma entera_; pero Garcilaso que conocía mejor los números, se contentó con aquel modo, porque demás de sinificar así la falta del alma, que él pretendió mostrar, no es flojo número de verso, sino artificioso y no ajeno de suavidad.» (Herrera, 305. Del mismo parecer es Tamayo, notas, fol. 30.) [254] Erídano es el río fabuloso donde las Helíades, hermanas de Faetón, lloran su muerte convertidas en álamos. (Son. XII, 14.) Han creído