Chapter 10 of 20
Obras — Part 10
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y su natura;[332] 95 hasta que, finalmente, en duro mármol vuelta y trasformada, hizo de sí la gente no tan maravillada cuanto de aquella ingratitud vengada. 100 No quieras tú, señora, de Némesis airada las saetas[333] probar, por Dios, agora; baste que tus perfetas obras y hermosura a los poetas 105 den inmortal materia, sin que también en verso lamentable celebren la miseria de algún caso notable que por ti pase triste y miserable. 110 SONETOS I Cuando me paro a contemplar mi estado,[334] y a ver los pasos por do me ha traído, hallo, según por do anduve perdido, que a mayor mal pudiera haber llegado; mas cuando del camino estó olvidado, 5 a tanto mal no sé por dó he venido; sé que me acabo, y más he yo sentido ver acabar comigo mi cuidado. Yo acabaré, que me entregué sin arte a quien sabrá perderme y acabarme, 10 si ella quisiere, y aun sabrá querello; que pues mi voluntad puede matarme, la suya, que no es tanto de mi parte, pudiendo, ¿qué hará sino hacello?[335] II En fin, a vuestras manos he venido, do sé que he de morir tan apretado, que aun aliviar con quejas mi cuidado, como remedio, me es ya defendido. Mi vida no sé en qué se ha sostenido, 5 si no es en haber sido yo guardado para que solo en mí fuese probado cuánto corta un espada en un rendido.[336] Mis lágrimas han sido derramadas donde la sequedad y la aspereza 10 dieron mal fruto dellas y mi suerte. Basten las que por vos tengo lloradas. No os venguéis más de mí con mi flaqueza; allá os vengad, señora, con mi muerte. III La mar en medio y tierras he dejado de cuanto bien, cuitado, yo tenía; yéndome alejando cada día,[337] gentes, costumbres, lenguas he pasado. Ya de volver estoy desconfiado; 5 pienso remedios en mi fantasía, y el que más cierto espero es aquel día que acabará la vida y el cuidado. De cualquier mal pudiera socorrerme con veros yo, señora, o esperallo, 10 si esperallo pudiera sin perdello. Mas de no veros ya para valerme, si no es morir, ningún remedio hallo; y si esto lo es, tampoco podré habello.[338] IV Un rato se levanta mi esperanza. Tan cansada de haberse levantado torna a caer, que deja, mal mi grado, libre el lugar a la desconfianza. ¿Quién sufrirá tan áspera mudanza 5 del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado! esfuerza en la miseria de tu estado; que tras fortuna suele haber bonanza.[339] Yo mismo emprenderé a fuerza de brazos romper un monte, que otro no rompiera, 10 de mil inconvenientes muy espeso. Muerte, prisión no pueden, ni embarazos, quitarme de ir a veros, como quiera desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.[340] V Escrito está en mi alma vuestro gesto, y cuanto yo escrebir de vos deseo; vos sola lo escrebistes, yo lo leo tan solo, que aun de vos me guardo en esto. En esto estoy y estaré siempre puesto; 5 que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo, de tanto bien lo que no entiendo creo, tomando ya la fe por presupuesto. Yo no nací sino para quereros; mi alma os ha cortado a su medida; 10 por hábito del alma misma os quiero. Cuanto tengo confieso yo deberos; por vos nací, por vos tengo la vida, por vos he de morir y por vos muero. VI Por ásperos caminos he llegado a parte que de miedo no me muevo; y si a mudarme o dar un paso pruebo, allí por los cabellos soy tornado.[341] Mas tal estoy, que con la muerte al lado 5 busco de mi vivir consejo nuevo; y conozco el mejor y el peor apruebo,[342] o por costumbre mala o por mi hado. Por otra parte, el breve tiempo mío, y el errado proceso de mis años, 10 en su primer principio y en su medio, mi inclinación, con quien ya no porfío,[343] la cierta muerte, fin de tantos daños, me hacen descuidar de mi remedio. VII No pierda más quien ha tanto perdido;[344] bástete, amor, lo que ha por mí pasado; válgame agora haber jamás probado a defenderme de lo que has querido. Tu templo y sus paredes he vestido 5 de mis mojadas ropas, y adornado, como acontece a quien ha ya escapado libre de la tormenta en que se vido.[345] Yo había jurado nunca más meterme, a poder mío y a mi consentimiento, 10 en otro tal peligro, como vano.[346] Mas del que viene no podré valerme; y en esto no voy contra el juramento; que ni es como los otros ni en mi mano. VIII De aquella vista pura y ecelente salen espirtus vivos y encendidos, y siendo por mis ojos recebidos, me pasan hasta donde el mal se siente. Encuéntranse al camino fácilmente,[347] 5 con los míos, que de tal calor movidos salen fuera de mí como perdidos,[348] llamados de aquel bien que está presente. Ausente, en la memoria la imagino; mis espirtus, pensando que la vían, 10 se mueven y se encienden sin medida; mas no hallando fácil el camino, que los suyos entrando derretían, revientan por salir do no hay salida. IX Señora mía, si de vos yo ausente en esta vida turo y no me muero,[349] paréceme que ofendo a lo que os quiero, y al bien de que gozaba en ser presente. Tras este, luego siento otro acidente, 5 que es ver que si de vida desespero, yo pierdo cuanto bien de vos espero, y así ando en lo que siento diferente. En esta diferencia mis sentidos están en vuestra ausencia y en porfía. 10 No sé ya qué hacerme en mal tamaño.[350] Nunca entre sí los veo sino reñidos. De tal arte pelean noche y día, que solo se conciertan en mi daño. X ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,[351] dulces y alegres cuando Dios quería! Juntas estáis en la memoria mía, y con ella en mi muerte conjuradas. ¿Quién me dijera, cuando en las pasadas 5 horas en tanto bien por vos me vía, que me habíades de ser en algún día con tan grave dolor representadas? Pues en un hora junto me llevastes todo el bien que por términos me distes, 10 llevadme junto el mal que me dejastes. Si no, sospecharé que me pusistes en tantos bienes, porque deseastes verme morir entre memorias tristes.[352] XI Hermosas ninfas, que en el río metidas, contentas habitáis en las moradas de relucientes piedras fabricadas y en colunas de vidro sostenidas; agora estéis labrando embebecidas, 5 o tejiendo las telas delicadas; agora unas con otras apartadas, contándoos los amores y las vidas; dejad un rato la labor, alzando vuestras rubias cabezas a mirarme, 10 y no os detendréis mucho según ando; que o no podréis de lástima escucharme, o convertido en agua aquí llorando, podréis allá de espacio consolarme.[353] XII Si para refrenar este deseo loco, imposible, vano, temeroso, y guarecer de un mal tan peligroso, que es darme a entender yo lo que no creo, no me aprovecha verme cual me veo, 5 o muy aventurado o muy medroso, en tanta confusión, que nunca oso fiar el mal de mí que lo poseo, ¿qué me ha de aprovechar ver la pintura de aquel que con las alas derretidas 10 cayendo, fama y nombre al mar ha dado; y la del que su fuego y su locura llora entre aquellas plantas conocidas, apenas en el agua resfriado? XIII A Dafne ya los brazos le crecían,[354] y en luengos ramos vueltos se mostraban; en verdes hojas vi que se tornaban los cabellos que al oro escurecían. De áspera corteza se cubrían 5 los tiernos miembros, que aún bullendo estaban; los blancos pies en tierra se hincaban, y en torcidas raíces se volvían. Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerza de llorar, crecer hacía 10 este árbol que con lágrimas regaba. ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño! ¡Que con lloralla cresca cada día la causa y la razón por que lloraba! XIV Como la tierna madre que el doliente hijo le está con lágrimas pidiendo alguna cosa, de la cual comiendo, sabe que ha de doblarse el mal que siente, y aquel piadoso amor no le consiente 5 que considere el daño que haciendo lo que le pide hace, va corriendo, y dobla el mal, y aplaca el acidente;[355] así a mi enfermo y loco pensamiento, que en su daño os me pide, yo querría 10 quitar este mortal mantenimiento. Mas pídemelo, y llora cada día tanto, que cuanto quiere le consiento, olvidando su muerte y aun la mía. XV Si quejas y lamentos pueden tanto, que el curso refrenaron de los ríos, y en los diversos montes y sombríos los árboles movieron con su canto; si convirtieron a escuchar su llanto 5 las fieras tigres y peñascos fríos; si, en fin, con menos casos que los míos bajaron a los reinos del espanto;[356] ¿por qué no ablandará mi trabajosa vida, en miseria y lágrimas pasada, 10 un corazón comigo endurecido? Con más piedad debría ser escuchada la voz del que se llora por perdido que la del que perdió y llora otra cosa. XVI No las francesas armas odiosas,[357] en contra puestas del airado pecho, ni en los guardados muros con pertrecho los tiros y saetas ponzoñosas; no las escaramuzas peligrosas, 5 ni aquel fiero ruido contrahecho de aquel que para Júpiter fue hecho por manos de Vulcano artificiosas,[358] pudieron, aunque más yo me ofrecía a los peligros de la dura guerra, 10 quitar un hora sola de mi hado. Mas infición de aire en solo un día me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado, Parténope, tan lejos de mi tierra.[359] XVII Pensando que el camino iba derecho, vine a parar en tanta desventura, que imaginar no puedo, aun con locura, algo de que esté un rato satisfecho. El ancho campo me parece estrecho; 5 la noche clara para mí es escura; la dulce compañía, amarga y dura, y duro campo de batalla el lecho. Del sueño, si hay alguno, aquella parte sola que es ser imagen de la muerte 10 se aviene con el alma fatigada. En fin, que como quiera, estoy de arte, que juzgo ya por hora menos fuerte, aunque en ella me vi, la que es pasada. XVIII Si a vuestra voluntad yo soy de cera, y por sol tengo solo vuestra vista, la cual a quien no inflama o no conquista con su mirar, es de sentido fuera; de do viene una cosa, que si fuera 5 menos veces de mí probada y vista, según parece que a razón resista, a mi sentido mismo no creyera, y es, que yo soy de lejos inflamado de vuestra ardiente vista, y encendido 10 tanto, que en vida me sostengo apenas. Mas si de cerca soy acometido de vuestros ojos, luego siento helado cuajárseme la sangre por las venas. XIX Julio, después que me partí llorando[360] de quien jamás mi pensamiento parte, y dejé de mi alma aquella parte que al cuerpo vida y fuerza estaba dando, de mi bien a mí mismo voy tomando 5 estrecha cuenta, y siento de tal arte faltarme todo el bien, que temo en parte que ha de faltarme el aire sospirando; y con este temor, mi lengua prueba a razonar con vos ¡oh dulce amigo! 10 del amarga memoria de aquel día en que yo comencé como testigo a poder dar del alma vuestra nueva, y a sabella de vos del alma mía.[361] XX Con tal fuerza y vigor son concertados[362] para mi perdición los duros vientos, que cortaron mis tiernos pensamientos luego que sobre mí fueron mostrados. El mal es que me quedan los cuidados 5 en salvo destos acontecimientos, que son duros, y tienen fundamentos en todos mis sentidos bien echados. Aunque por otra parte no me duelo, ya que el bien me dejó con su partida, 10 del grave mal que en mí está de contino; antes con él me abrazo y me consuelo; porque en proceso de tan dura vida atajaré la guerra del camino.[363] XXI Clarísimo Marqués, en quien derrama[364] el cielo cuanto bien conoce el mundo; si al gran valor en que el sujeto fundo, y al claro resplandor de vuestra llama arribare mi pluma, y do la llama 5 la voz de vuestro nombre alto y profundo, seréis vos solo eterno y sin segundo, y por vos inmortal quien tanto os ama. Cuanto del largo cielo se desea, cuanto sobre la tierra se procura, 10 todo se halla en vos de parte en parte; y, en fin, de solo vos formó natura una estraña y no vista al mundo idea, y hizo igual al pensamiento el arte. XXII Con ansia estrema de mirar qué tiene vuestro pecho escondido allá en su centro, y ver si a lo de fuera lo de dentro en aparencia y ser igual conviene, en él puse la vista; mas detiene 5 de vuestra hermosura el duro encuentro mis ojos, y no pasan tan adentro, que miren lo que el alma en sí contiene.[365] Y así, se quedan tristes en la puerta hecha por mi dolor, con esa mano, 10 que aun a su mismo pecho no perdona;[366] donde vi claro mi esperanza muerta, y el golpe que os hizo amor en vano _non esservi passato oltra la gonna_.[367] XXIII En tanto que de rosa y azucena se muestra la color en vuestro gesto, y que vuestro mirar ardiente, honesto, enciende el corazón y lo refrena; y en tanto que el cabello, que en la vena 5 del oro se escogió, con vuelo presto, por el hermoso cuello blanco, enhiesto, el viento mueve, esparce y desordena; coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto, antes que el tiempo airado 10 cubra de nieve la hermosa cumbre. Marchitará la rosa el viento helado, todo lo mudará la edad ligera, por no hacer mudanza en su costumbre.[368] XXIV Ilustre honor del nombre de Cardona,[369] décima moradora de Parnaso,[370] a Tansilo, a Minturno, al culto Taso[371] sujeto noble de inmortal corona; si en medio del camino no abandona 5 la fuerza y el espirtu a vuestro Laso, por vos me llevará mi osado paso a la cumbre difícil de Helicona.[372] Podré llevar entonces sin trabajo con dulce son que el curso al agua enfrena, 10 por un camino hasta agora enjuto, el patrio celebrado y rico Tajo, que del valor de su luciente arena a vuestro nombre pague el gran tributo. XXV ¡Oh hado esecutivo en mis dolores,[373] cómo sentí tus leyes rigurosas! Cortaste el árbol con manos dañosas, y esparciste por tierra fruta y flores. En poco espacio yacen mis amores 5 y toda la esperanza de mis cosas, tornadas en cenizas desdeñosas, y sordas a mis quejas y clamores. Las lágrimas que en esta sepultura se vierten hoy en día y se vertieron 10 recibe, aunque sin fruto allá te sean, hasta que aquella eterna noche escura me cierre aquestos ojos que te vieron, dejándome con otros que te vean.[374] XXVI Echado está por tierra el fundamento[375] que mi vivir cansado sostenía. ¡Oh cuánto bien se acaba en solo un día! ¡Oh cuántas esperanzas lleva el viento! ¡Oh cuán ocioso está mi pensamiento 5 cuando se ocupa en bien de cosa mía! A mi esperanza, así como a baldía, mil veces la castiga mi tormento. Las más veces me entrego, otras resisto con tal furor, con una fuerza nueva, 10 que un monte puesto encima rompería. Aqueste es el deseo que me lleva a que desee tornar a ver un día a quien fuera mejor nunca haber visto. XXVII Amor, amor, un hábito vestí,[376] el cual de vuestro paño fue cortado; al vestir ancho fue, mas apretado y estrecho cuando estuvo sobre mí. Después acá de lo que consentí, 5 tal arrepentimiento me ha tornado, que pruebo alguna vez, de congojado, a romper esto en que yo me metí. Mas ¿quién podrá deste hábito librarse, teniendo tan contraria su natura, 10 que con él ha venido a conformarse? Si alguna parte queda por ventura de mi razón, por mí no osa mostrarse; que en tal contradición no está segura. XXVIII Boscán, vengado estáis, con mengua mía, de mi rigor pasado y mi aspereza, con que reheprenderos la terneza de vuestro blando corazón solía. Agora me castigo cada día 5 de tal salvatiquez y tal torpeza;[377] mas es a tiempo que de mi bajeza correrme y castigarme bien podría. Sabed que en mi perfeta edad y armado, con mis ojos abiertos me he rendido 10 al niño que sabéis, ciego y desnudo. De tan hermoso fuego consumido nunca fue corazón. Si preguntado soy lo demás, en lo demás soy mudo. XXIX Pasando el mar Leandro el animoso,[378] en amoroso fuego todo ardiendo, esforzó el viento, y fuese embraveciendo el agua con un ímpetu furioso. Vencido del trabajo presuroso, 5 contrastar a las ondas no pudiendo, y más del bien que allí perdía muriendo, que de su propia vida congojoso, como pudo esforzó su voz cansada, y a las ondas habló desta manera, 10 (mas nunca fue la voz dellas oída): «Ondas, pues no os escusa que yo muera, dejadme allá llegar, y a la tornada vuestro furor esecutá en mi vida.»[379] XXX Sospechas, que en mi triste fantasía puestas, hacéis la guerra a mi sentido, volviendo y revolviendo el afligido pecho, con dura mano, noche y día; ya se acabó la resistencia mía 5 y la fuerza del alma; ya rendido vencer de vos me dejo, arrepentido de haberos contrastado en tal porfía.[380] Llevadme a aquel lugar tan espantable, do por no ver mi muerte allí esculpida, 10 cerrados hasta aquí tuve los ojos. Las armas pongo ya; que concedida[381] no es tan larga defensa al miserable; colgad en vuestro carro mis despojos.[382] XXXI Dentro en mi alma fue de mí engendrado un dulce amor, y de mi sentimiento tan aprobado fue su nacimiento como de un