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Obras

Chapter 3 of 20

Obras — Part 3

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y sano; 85 que, como si de nuevo le hallase, hace aquel intervalo que ha pasado que el nuevo gusto nunca al bien se pase.[86] Y al que de pensamiento fatigado el sueño baña con licor piadoso, 90 curando el corazón despedazado, aquel breve descanso, aquel reposo basta para cobrar de nuevo aliento, con que se pase el curso trabajoso. Llegarme quiero cerca con buen tiento, 95 y ver, si de mí fuere conocido, si es del número triste o del contento. Albanio es este que está aquí dormido, o yo conozco mal. Albanio es, cierto. Duerme, garzón cansado y afligido. 100 ¡Por cuán mejor librado tengo un muerto que acaba el curso de la vida humana y es reducido a más seguro puerto, que el que, viviendo acá, de vida ufana y de estado gozoso, noble y alto, 105 es derrocado de fortuna insana! Dicen que este mancebo dio un gran salto: que de amorosos bienes fue abundante, y agora es pobre, miserable y falto. No sé la historia bien; mas quien delante 110 se halló al duelo me contó algún poco del grave caso deste pobre amante. ALBANIO ¿Es esto sueño, o ciertamente toco la blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando? Yo estábate creyendo como loco. 115 ¡Oh cuitado de mí! Tú vas volando con prestas alas por la ebúrnea puerta;[87] yo quédome tendido aquí llorando. ¿No basta el grave mal en que despierta el alma vive, o por mejor decillo, 120 está muriendo de una vida incierta? SALICIO Albanio, deja el llanto, que en oíllo me aflijo. ALBANIO ¿Quién presente está a mi duelo? SALICIO Aquí está quien te ayudará a sentillo. ALBANIO ¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo 125 me fuera en cualquier mal tu compañía; mas tengo en esto por contrario al cielo. SALICIO Parte de tu trabajo ya me había contado Galafrón, que fue presente en aqueste lugar el mismo día; 130 mas no supo decir del acidente la causa principal; bien que pensaba que era mal que decir no se consiente; y a la sazón en la ciudad yo estaba, como tú sabes bien, aparejando 135 aquel largo camino que esperaba; y esto que digo me contaron cuando torné a volver; mas yo te ruego agora, si esto no es enojoso que demando, que particularmente el punto y hora, 140 la causa, el daño cuentes y el proceso; que el mal comunicado se mejora.[88] ALBANIO Con un amigo tal verdad es eso, cuando el mal sufre cura, mi Salicio; mas este ha penetrado hasta el hueso. 145 Verdad es que la vida y ejercicio común, y el amistad que a ti me ayunta, mandan que complacerte sea mi oficio; mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta, que quiero renovar en la memoria 150 la herida mortal de aguda punta; y póneme delante aquella gloria pasada, y la presente desventura, para espantarme de la horrible historia. Por otra parte, pienso que es cordura 155 renovar tanto el mal que me atormenta, que a morir venga de tristeza pura. Y por esto, Salicio, entera cuenta te daré de mi mal como pudiere, aunque el alma rehuya y no consienta. 160 Quise bien, y querré mientras rigiere aquestos miembros el espirtu mío, aquella por quien muero, si muriere.[89] En este amor no entré por desvarío,[90] ni lo traté, como otros, con engaños, 165 ni fue por eleción de mi albedrío. Desde mis tiernos y primeros años a aquella parte me inclinó mi estrella, y a aquel fiero destino de mis daños. Tú conociste bien una doncella, 170 de mi sangre y abuelos descendida,[91] más que la misma hermosura bella. En su verde niñez, siendo ofrecida por montes y por selvas a Diana,[92] ejercitaba allí su edad florida. 175 Yo, que desde la noche a la mañana y del un sol al otro, sin cansarme, seguía la caza con estudio y gana, por deudo y ejercicio a conformarme vine con ella en tal domestiqueza, 180 que della un punto no sabía apartarme. Iba de un hora en otra la estrecheza haciéndose mayor, acompañada de un amor sano y lleno de pureza. ¿Qué montaña dejó de ser pisada 185 de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosa no fue de nuestra caza fatigada? Siempre con mano larga y abundosa con parte de la caza visitando el sacro altar de nuestra santa diosa. 190 La colmilluda testa ora llevando del puerco jabalí cerdoso y fiero, del peligro pasado razonando; ora clavando del ciervo ligero en algún sacro pino los ganchosos 195 cuernos, con puro corazón sincero tornábamos contentos y gozosos, y al disponer de lo que nos quedaba, jamás me acuerdo de quedar quejosos. Cualquiera caza a entrambos agradaba; 200 pero la de las simples avecillas menos trabajo y más placer nos daba. En mostrando el aurora sus mejillas de rosa, y sus cabellos de oro fino humedeciendo ya las florecillas, 205 nosotros, yendo fuera de camino, buscábamos un valle, el más secreto y de conversación menos vecino; aquí con una red de muy perfeto verde tejida, aquel valle atajábamos 210 muy sin rumor, con paso muy quieto. De dos árboles altos la colgábamos, y habiéndonos un poco lejos ido, hacia la red armada nos tornábamos, y por lo más espeso y escondido, 215 los árboles y matas sacudiendo, turbábamos el valle con ruído. Zorzales, tordos, mirlas, que temiendo delante de nosotros, espantados del peligro menor, iban huyendo, 220 daban en el mayor, desatinados, quedando en la sutil red engañosa confusamente todos enredados. Y entonces era vellos una cosa estraña y agradable, dando gritos, 225 y con voz lamentándose quejosa. Algunos dellos, que eran infinitos, su libertad buscaban revolando; otros estaban míseros y aflitos.[93] Al fin las cuerdas de la red tirando, 230 llevábamosla juntos casi llena, la caza a cuestas y la red cargando. Cuando el húmido otoño ya refrena del seco estío el gran calor ardiente, y va faltando sombra a Filomena,[94] 235 con otra caza desta diferente, aunque también de vida ociosa y blanda, pasábamos el tiempo alegremente. Entonces siempre, como sabes, anda de estorninos volando a cada parte 240 de acá y allá la espesa y negra banda. Y cierto aquesto es cosa de contarte, cómo con los que andaban por el viento usábamos también de astucia y arte. Uno vivo primero de aquel cuento 245 tomábamos, y en esto sin fatiga era cumplido luego nuestro intento; al pie del cual un hilo, untado en liga, atando, le soltábamos al punto que vía volar aquella banda amiga. 250 Apenas era suelto, cuando junto estaba con los otros y mesclado, secutando el efeto de su asunto.[95] A cuantos era el hilo enmarañado por alas o por pies o por cabeza, 255 todos venían al suelo mal su grado. Andaban forcejando una gran pieza a su pesar y a mucho placer nuestro; que así de un mal ajeno bien se empieza.[96] Acuérdaseme agora que el siniestro 260 canto de la corneja y el agüero para escaparse no le fue maestro. Cuando una dellas, como es muy ligero, a nuestras manos viva nos venía, era ocasión de más de un prisionero. 265 La cual a un llano grande yo traía, a do muchas cornejas andar juntas o por el suelo o por el aire vía; clavándola en la tierra por las puntas estremas de las alas, sin rompellas, 270 seguíase lo que apenas tú barruntas. Parecía que mirando a las estrellas, clavada boca arriba en aquel suelo, estaba a contemplar el curso dellas. De allí nos alejábamos, y el cielo 275 rompía con gritos ella, y convocaba de las cornejas el superno vuelo.[97] En un solo momento se ayuntaba una gran muchedumbre presurosa a socorrer la que en el suelo estaba. 280 Cercábanla, y alguna, más piadosa del mal ajeno de la compañera que del suyo avisada y temerosa, llegábase muy cerca, y la primera que esto hacía, pagaba su inocencia 285 con prisión o con muerte lastimera. Con tal fuerza la presa y tal violencia se engarrafaba de la que venía, que no se despidiera sin licencia. Ya puedes ver cuán gran placer sería 290 ver, de una por soltarse y desasirse, de otra por socorrerse, la porfía. Al fin la fiera lucha a despartirse venía por nuestra mano, y la cuitada del bien hecho empezaba a arrepentirse. 295 ¿Qué me dirás si con su mano alzada haciendo la noturna centinela, la grúa de nosotros fue engañada?[98] No aprovechaba al ánsar la cautela, ni ser siempre sagaz descubridora 300 de noturnos engaños con su vela.[99] Ni al blanco cisne que en las aguas mora por no morir como Faetón en fuego, del cual el triste caso canta y llora. Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego 305 que en huyendo del techo estás segura?[100] En el campo turbamos tu sosiego. A ningún ave o animal natura[101] dotó de tanta astucia que no fuese vencido al fin de nuestra astucia pura. 310 Si por menudo de contarte hubiese de aquesta vida cada partecilla, temo que antes del fin anocheciese. Basta saber que aquesta tan sencilla y tan pura amistad, quiso mi hado 315 en diferente especie convertilla: en un amor tan fuerte y tan sobrado, y en un desasosiego no creíble, tal, que no me conosco, de trocado. El placer de miralla, con terrible 320 y fiero desear sentí mesclarse, que siempre me llevaba a lo imposible. La pena de su ausencia vi mudarse, no en pena, no en congoja, en cruda muerte, y en fuego eterno el alma atormentarse. 325 A aqueste estado en fin mi dura suerte me trajo poco a poco, y no pensara que contra mí pudiera ser más fuerte, si con mi grave daño no probara que, en comparación de esta, aquella vida 330 cualquiera por descanso la juzgara. Ser debe aquesta historia aborrecida de tus orejas ya, que así atormenta mi lengua y mi memoria entristecida. Decir ya más no es bien que se consienta; 335 junto todo mi bien perdí en un hora, y esta es la suma, en fin, de aquesta cuenta. SALICIO Albanio, si tu mal comunicaras[102] con otro, que pensaras que tu pena juzgaba como ajena, o que este fuego 340 nunca probó, ni el juego peligroso de que tú estás quejoso, yo confieso que fuera bueno aqueso que hora haces; mas si tú me deshaces con tus quejas, ¿por qué agora me dejas como a estraño, 345 sin dar de aqueste daño fin al cuento? ¿Piensas que tu tormento como nuevo escucho, y que no pruebo, por mi suerte, aquesta viva muerte en las entrañas? Si no con todas mañas ni esperiencia 350 esta grave dolencia se desecha, al menos aprovecha, yo te digo, para que de un amigo que adolesca otro se condolesca, que ha llegado de bien acuchillado a ser maestro.[103] 355 Así que, pues te muestro abiertamente que no estoy inocente destos males, que aún traigo las señales de las llagas, no es bien que tú te hagas tan esquivo; que mientras estás vivo, ser podría 360 que por alguna vía te avisase, y contigo llorase; que no es malo tener al pie del palo quien se duela[104] del mal, y sin cautela te aconseje. ALBANIO Tú quieres que forceje y que contraste[105] 365 con quien al fin no baste a derrocalle. Amor quiere que calle; yo no puedo mover el paso un dedo sin gran mengua. Él tiene de mi lengua el movimiento; así que no me siento ser bastante. 370 SALICIO ¿Qué te pone delante que te impida el descubrir tu vida al que aliviarte del mal alguna parte cierto espera? ALBANIO Amor quiere que muera sin reparo; y conociendo claro que bastaba 375 lo que yo descansaba en este llanto contigo, a que entre tanto me aliviase, y aquel tiempo probase a sostenerme; por más presto perderme, como injusto, me ha ya quitado el gusto que tenía 380 de echar la pena mía por la boca. Así que ya no toca nada dello a ti querer sabello, ni contallo a quien solo pasallo le conviene, y muerte solo por alivio tiene. 385 SALICIO ¿Quién es contra su ser tan inhumano, que al enemigo entrega su despojo, y pone su poder en otra mano? ¿Cómo, y no tienes ora algún enojo de ver que amor tu misma lengua ataje, 390 o la desate por su solo antojo? ALBANIO Salicio amigo, cese este lenguaje; cierra tu boca, y más aquí no la abras; yo siento mi dolor, y tú mi ultraje. ¿Para qué son maníficas palabras?[106] 395 ¿Quién te hizo filósofo elocuente,[107] siendo pastor de ovejas y de cabras? ¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmente con espedida lengua y rigurosa el sano da consejos al doliente! 400 SALICIO No te aconsejo yo, ni digo cosa para que debas tú por ella darme respuesta tan aceda y tan odiosa. Ruégote que tu mal quieras contarme, porque dél pueda tanto entristecerme, 405 cuanto suelo del bien tuyo alegrarme. ALBANIO Pues ya de ti no puedo defenderme, yo tornaré a mi cuento cuando hayas prometido una gracia concederme; y es, que en oyendo el fin, luego te vayas 410 y me dejes llorar mi desventura entre estos pinos solo y estas hayas. SALICIO Aunque pedir tú eso no es cordura, yo seré dulce más que sano amigo, y daré bien lugar a tu tristura. 415 ALBANIO Hora, Salicio, escucha lo que digo; y vos, oh ninfas deste bosque umbroso, a doquiera que estáis, estad conmigo. Ya te conté el estado tan dichoso a do me puso amor, si en él yo firme 420 pudiera sostenerme con reposo; mas, como de callar y de encubrirme de aquella por quien vivo me encendía,[108] llegué ya casi al punto de morirme, mil veces ella preguntó qué había, 425 y me rogó que el mal le descubriese, que mi rostro y color lo descubría. Mas no acabó con cuanto me dijese, que de mí a su pregunta otra respuesta que un sospiro con lágrimas hubiese. 430 Aconteció que en una ardiente siesta, viniendo de la caza fatigados, en el mejor lugar desta floresta, que es este donde estamos asentados, a la sombra de un árbol aflojamos 435 las cuerdas a los arcos trabajados. En aquel prado allí nos reclinamos, y del céfiro fresco recogiendo el agradable espirtu, respiramos. Las flores, a los ojos ofreciendo 440 diversidad estraña de pintura, diversamente así estaban oliendo. Y en medio aquesta fuente clara y pura, que como de cristal resplandecía, mostrando abiertamente su hondura, 445 el arena, que de oro parecía, de blancas pedrezuelas variada, por do manaba el agua, se bullía. En derredor ni sola una pisada de fiera o de pastor o de ganado 450 a la sazón estaba señalada. Después que con el agua resfriado hubimos el calor, y juntamente la sed de todo punto mitigado, ella, que con cuidado diligente 455 a conocer mi mal tenía el intento, y a escudriñar el ánimo doliente, con nuevo ruego y firme juramento me conjuró y rogó que le contase la causa de mi grave pensamiento; 460 y si era amor, que no me recelase de hacelle mi caso manifiesto, y demostralle aquella que yo amase, que me juraba que también en esto el verdadero amor que me tenía 465 con pura voluntad estaba presto. Yo, que tanto callar ya no podía, y claro descubrir menos osaba lo que en el alma triste se sentía, le dije que en aquella fuente clara 470 vería de aquella que yo tanto amaba abiertamente la hermosa cara. Ella, que ver aquesta deseaba, con menos diligencia discurriendo de aquella con que el paso apresuraba, 475 a la pura fontana fue corriendo, y en viendo el agua, toda fue alterada, en ella su figura sola viendo.[109] Y no de otra manera, arrebatada, del agua rehuyó, que si estuviera 480 de la rabiosa enfermedad tocada. Y sin mirarme, desdeñosa y fiera, no sé qué allá entre dientes murmurando, me dejó aquí, y aquí quiere que muera. Quedé yo triste y solo allí, culpando 485 mi temerario osar, mi desvarío, la pérdida del bien considerando. Creció de tal manera el dolor mío, y de mi loco error el desconsuelo, que hice de mis lágrimas un río. 490 Fijos los ojos en el alto cielo, estuve boca arriba una gran pieza tendido, sin mudarme en este suelo.[110] Y como de un dolor otro se empieza,[111] el largo llanto, el desvanecimiento, 495 el vano imaginar de la cabeza, de mi gran culpa aquel remordimiento, verme del todo al fin sin esperanza, me trastornaron casi el sentimiento. Cómo deste lugar hice mudanza 500 no sé, ni quién de aquí me condujese al triste albergo y a mi pobre estanza. Sé que tornando en mí, como estuviese sin comer y dormir bien cuatro días, y sin que el cuerpo de un lugar moviese, 505 las ya desamparadas vacas mías por otro tanto tiempo no gustaron las verdes hierbas ni las aguas frías. Los pequeños hijuelos, que hallaron las tetas secas ya de las hambrientas 510 madres, bramando al cielo se quejaron. Las selvas, a su voz también atentas, bramando pareció que respondían, condolidas del daño y descontentas. Aquestas cosas nada me movían, 515 antes con mi llorar hacía espantados todos cuantos a verme allí venían. Vinieron los pastores de ganados, vinieron de los sotos los vaqueros, para ser de mi mal de mí informados. 520 Y todos con los gestos lastimeros me preguntaban cuáles habían sido los acidentes de mi mal primeros. A los cuales, en tierra yo tendido, ninguna otra respuesta dar sabía, 525 rompiendo con sollozos mi gemido, sino de rato en rato les decía: «Vosotros, los de Tajo en su ribera, cantaréis la mi muerte cada día.[112] »Este descanso llevaré aunque muera, 530 que cada día cantaréis mi muerte vosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113] La quinta noche, en fin, mi cruda suerte, queriéndome llevar do se rompiese aquesta tela de la vida fuerte, 535 hizo que de mi choza me saliese por el silencio de la noche escura a