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Obras

Chapter 19 of 20

Obras — Part 19

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cuando se toman estos versos de hombres insignes»... (Tamayo, notas, fol. 11.) [368] Dice la Pipota en _Rinconete y Cortadillo_: «Holgaos, hijos..., que vendrá la vejez y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mocedad, como yo los lloro»; que no es otra cosa sino lo que dijo Ausonio en su famoso epigrama: «Collige, virgo, rosas...», mil veces repetido y parafraseado por los poetas españoles y extranjeros (V. ejemplos en Herrera, _Anotaciones_, págs. 175, 186, y F. Rodríguez Marín, _Barahona_, págs. 295-297 y 628-630), y asimismo, lo que una vieja de antigua edad aconsejaba a la bella Melisenda, encendida en amores del Conde Ayuelos: «Mientras sois moza, mi hija, -- placer vos querades dar -- que si esperáis a vejez -- no vos querrá un rapaz.» (R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of America, 1910, pág. 26.) [369] «Este soneto fue escrito a la Marquesa de la Padula, D.ª María de Cardona, hija del Marqués D. Juan de Cardona... Fue su esposo D. Artal de Cardona, Conde de Colisano... Después casó en el año de 1538 con D. Francico de Este, hermano del Duque de Ferrara. Por ella escribió Mario de Leo el _Amor preso_, y a ella dedicó el Gesualdo sus _Comentos_ en Petrarca. Fue muy discreta y valerosa, inclinada al conocimiento de la historia y poesía, y aunque no muy hermosa, tuvo mucha gracia y donaire.» (Herrera, pág. 187.) [370] Se ha hecho clásico este elogio de llamar _décima Musa_ a una dama docta, como _cuarta Gracia_ a una dama bella, siendo nueve las Musas, _las moradoras del Parnaso_, y las Gracias, tres; D. Adolfo de Castro llama a doña Cristobalina Fernández de Alarcón décima musa antequerana (_Auts. Esps. Poetas Líricos de los siglos XVI y XVII_, Madrid, 1854, tomo I, pág. 31), y el Sr. Rodríguez Marín (_Luis Barahona de Soto_, Madrid, 1903, pág. 425), a propósito de D.ª Rosalía de Castro, dice también «la dulce Rosalía, décima musa del Parnaso de España, y no primera, sino única, del gallego». [371] Luis Tansillo (¿1510?-1568), poeta italiano, autor del malicioso poema _Il Vendemmiatore_, que la Inquisición condenó, y de _Le Lagrime di San Pietro_. Estuvo con Garcilaso en la expedición a Túnez. --Antonio Sebastián Minturno, obispo y literato italiano († 1574), que escribió varias poesías y libros de erudición. -- Bernardo Tasso, (1493-1569), poeta italiano también, Secretario del Príncipe de Salerno, cantor de la bella Ginebra Malatesta, amante de Tulia de Aragón y padre del famosísimo _Cisne de Sorrento_, que escribió la _Jerusalén conquistada_ y la _Aminta_. Bernardo Tasso fue autor del poema _Amadigi_ (Amadís de Gaula). [372] Helicona por Helicón. Monte de Grecia consagrado por los poetas como el Pindo y el Parnaso; en él tenían su morada Apolo y las Musas. [373] Habla el poeta junto a la sepultura de su dama. [374] Este soneto, por su honda melancolía y por la llaneza de su forma, me parece uno de los mejores de Garcilaso. Es un lamento lleno de amargura. Los que le han censurado cuando sutiliza y alambica a la manera italiana, no debieran haber callado su elogio en este lugar. [375] El poeta, experimentado en amarguras, había jurado nunca más amar, pero una sirena napolitana cautivó su espíritu, soneto VII; dio cuenta a Boscán del principio de esta aventura en el soneto XXVIII, guardando, respecto a quien fuese la dama, absoluta reserva; esto pudo ocurrir a fines de 1532; el poeta no era ya un mancebo, pero se enamoró con loco encendimiento, y rindiose apasionadamente a la sirena misteriosa, soneto V; un feliz descuido del tocado, soneto XXII, le arriesgó a un consejo malicioso, soneto XXIII, y, al mismo tiempo, lamentaba rigores, cuidados, arrepentimientos y sospechas, sonetos XV, XX, XXVII, XXX y XXXI. Llegó la empresa de África: el poeta, desde Túnez, duélese de su ausencia, soneto XXXV; y desde Sicilia, a su regreso, confía a Boscán sus inquietudes, temeroso de olvidos y mudanzas, Elegía II. Volvió el poeta a Nápoles, hacia septiembre de 1535; su dama no le había sido infiel, pero había muerto, o acaso murió poco después de su llegada; en los sonetos XXV y XXVI hay un hondo dolor, un dolor verdadero; un año después murió el poeta. Tal pudo ser, en fin, esta historia sencilla y sentimental. Una duda: estos dos últimos sonetos pueden ser también a la muerte de D.ª Isabel Freyre. (V. Eg. I., v. 2, nota.) [376] «Niega Morel-Fatio (_L’Espagne au XVIe et au XVIIe siècle_, pág. 602) que este soneto, imitado de Ausías March, pueda ser de Garcilaso, porque este no se hubiera atrevido a truncar el endecasílabo, y le atribuye a Boscán o D. Diego de Mendoza. Pero es cierto que Garcilaso, en la Canc. II, usa con insistencia los versos agudos (véase la nota a la Canc. II, v. 68), y nada tiene de particular que los emplease imitando unos versos de Ausías, puesto que el original catalán los tiene también. Hay de este soneto una refundición en que los agudos se han convertido en graves (publicada por Knapp, por Morel y por Walberg, notas a Juan de la Cueva, pág. 91), según copias distintas: _Amor, amor, me ha un hábito vestido_. Esta refundición lleva en los manuscritos el nombre de Mendoza. Hay, finalmente, otra refundición, también sin agudos, de que se valió el Brocense en su edición de Garcilaso. D. Diego de Mendoza imitó el mismo pasaje de Ausías en una canción.» (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 221, nota.) [377] _salvatiquez_, en italiano _selvatichezza_. La _e_ de la primera sílaba de _selvatiquez_ se ha transformado en _a_, por asimilación de la _a_ siguiente, por influencia de la forma vulgar _salvaje_ (silvaticu), o por ambas causas; casos análogos: _balanza_ (bilance), _zarcillo_ (circellu), ant. _cercillo_, etc. (V. R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, Madrid, 1905, § 18-3.) También otro cultismo: _parálisis_, dejose influir por la forma vulgar _perlesía_, dando origen a _paralisía_. (_Bulletin de Dialectologie romane_, Bruxelles, 1909, pág. 126.) [378] Leandro, para ver a su amante Hero, atravesaba de noche, a nado, el Helesponto. Hero le orientaba desde su torre con la luz de una antorcha. La posibilidad del viaje de Leandro fue demostrada experimentalmente por Lord Byron, atravesando a nado aquel estrecho, entre Sestos y Abidos, en 31 de mayo de 1810, según él mismo refiere en una nota del canto 2.º de _Don Juan_. Una noche de tempestad apagose la luz; Leandro, perdido entre bravas olas, murió ahogado, y Hero murió también al descubrir desde la orilla su cadáver. De la historia de este bello asunto en nuestra literatura ha hecho un magnífico estudio el Sr. Menéndez y Pelayo en su _Antología_, tomo XIII, págs. 334-378. [379] _esecutá_ por _ejecutad_. (V. nota al v. 253 de la Eg. II.) La pérdida de la _d_ final en la pronunciación de los imperativos _vení_, _poné_, _mirá_, etc., nació, sin duda, en el lenguaje familiar; este valor tiene el testimonio de Santa Teresa (_Las Moradas_, ed. _Clásicos Castellanos_, Madrid, 1910, pág. 43, nota 16), aparte de la tradición de dicho fenómeno conservada en la Argentina: _cantá_, _hacé_, y en la lengua literaria ante el pronombre _os_: _andaos_, _salíos_ (excepto _idos_); pero los clásicos, desde Garcilaso, adoptaron también aquella pronunciación, y pusiéronla en moda: «Andá, señor, que estáis muy mal criado.» (V. Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 614; R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 107-2.) [380] _contrastado_: resistido. [381] _poner_ por _deponer_, rendir las armas. [382] _despojos_: las armas del vencido y demás restos de la derrota de que se rodeaban los victoriosos en sus carros triunfales. (V. Canc. V, v. 17.) [383] Endecasílabos de _muiñeira_, propuestos, como endecasílabos malos, por no tener los acentos en su sitio, para ingresar en la sala segunda del _Hospital de los versos incurables_, fundado por D. Eduardo Benot en su _Prosodia castellana y versificación_, tomo III, págs. 154-249: --Oh, crudo nieto, que das vida al padre-- --Ora clavando del ciervo ligero. --Eg. II, v. 194. --Cómo pudiste tan presto olvidarte. --Eg. II, v. 578. --Hace tremer con terrible sonido. --Hurtado de Mendoza. --¡Qué! ¿no te acuerdas de cuando cantando? --Barahona. --Se la mia vita dall’ aspro tormento. --Petrarca. --Gran Cardinal di la Chiesa di Roma. --Ariosto. (V. F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 425.) [384] Supónese esta genealogía: El espíritu engendra el amor, y del amor, en maridaje con la envidia, nacen los celos; estos, que son el _monstruo_ parido por la envidia, son _el nieto cruel_ que encendiendo el amor matan el alma --dan vida al padre y matan al abuelo. [385] «Hermosísima alegoría por todo el terceto, y no sé si se hallará en la lengua latina otra más ilustre y bien tratada que esta.» (Herrera, _Anotaciones_, pág. 209.) [386] _A Mario Galeota._ Soneto núm. XXXV en las ediciones de Azara y Castro. Expedición a Túnez contra Barbarroja. El 14 de julio de 1535, el ejército del Emperador se apoderó del fuerte de la Goleta, y estuvo en aquella empresa Garcilaso con su hermano D. Pedro Laso, el Marqués de Lombay, D. Diego Hurtado de Mendoza y otros muchos caballeros ilustres. Doce guerreros, Garcilaso entre ellos, se atrevieron a acometer ochenta caballos númidas que les provocaban; fue el aprieto grande; nuestro poeta fue socorrido por Federico Carraffa, napolitano, y por el César en persona, que sabiendo el peligro en que se encontraba le ayudó con sus hombres y peleó a su lado. Garcilaso salió herido de dos lanzadas, en la mano diestra y en la cara; esta le interesó la lengua, dejándole cierto defecto de pronunciación que le agraciaba. (Cienfuegos, _Vida del Grande San Francisco de Borja_, pág. 50; Navarrete, págs. 62, 65 y 66.) [387] Alude a la leyenda de la famosa espada que Dionisio I, tirano de Siracusa, hizo colgar, suspendiéndola de un cabello, sobre la cabeza de Damocles, en tanto que le rodeaba de todo el regalo y la suntuosidad de un rey, para dar a entender a aquel cortesano cuán poco envidiables eran las grandezas que tanto le elogiaba, teniendo que gozarlas bajo la constante amenaza de un peligro mortal: el odio, la envidia, la ambición. [388] Como esto es lo que dijo D. Diego Hurtado de Mendoza en su carta IX, tercetos 33-36, dirigida a don Diego Laso (_Auts. Esps. Poetas líricos de los siglos XVI y XVII_, Madrid, 1854, tomo I, pág. 65): «Dulce ver es de tierra un bravo viento... No porque el mal ajeno te contente, Mas porque, en la verdad, es dulce cosa Carecer del dolor que el otro siente...» Garcilaso y Mendoza, según Herrera, imitaron aquí a Lucrecio. (_Anotaciones_, pág. 211.) [389] _A Boscán, desde la Goleta._ Soneto núm. XXXIII, en Azara y Castro. Por lo que Garcilaso dice en estos últimos versos de este soneto, se ha supuesto que debió tener alguna aventura galante en la Goleta, durante la curación de sus heridas (Cienfuegos, _o. c._, lib. II, pág. 50; Navarrete, pág. 66, nota 1); me parece que no hay suficiente fundamento para esta conjetura; el 14 de julio, con la toma de la Goleta, o acaso después, en alguna escaramuza, fue herido Garcilaso, el 20 se sometió Túnez, y el 12 de agosto regresaron las tropas a España; ciertamente, en menos de un mes que Garcilaso estuvo en la Goleta, y con heridas que le tuvieron _a los umbrales de la muerte_ (Navarrete, pág. 65), ¿qué aventuras galantes había de tener?... más lógico es relacionar estas quejas de su alma _temerosa_ y estas incertidumbres de sus esperanzas, con los temores y las incertidumbres de que pocos días después hablaba a Boscán en la Eleg. II, por la suerte que en su ausencia hubiera podido seguir el _nido_ que su corazón había dejado en Nápoles. [390] Hasta aquí llegan los sonetos en Herrera; los seis últimos, desde el XXX inclusive, los admitió como auténticos por opinión común y por afirmación de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso; pero desechó los tres siguientes por no parecerle tan segura su autenticidad (_Anotaciones_, pág. 206); yo pongo también estos siguiendo una costumbre establecida; conservo estrictamente el texto del Brocense, _Opera Omnia_, Genevae, 1766, tomo IV. [391] De este soneto, como del XXXII y XXXVIII, decía el Brocense «que se tienen por de Garcilaso, de un libro de mano». [392] Tamayo admite este soneto como auténtico; el Brocense lo considera dudoso; Herrera y Azara lo rechazan, y Castro lo tiene por indigno de Garcilaso. Verdaderamente, con tan desdichado juego de _sentir_, _siento_, _sienta_, _sentillo_ y _sello_, su autor acertó a decir poco de provecho; tal vez no es sino un pobre soneto advenedizo, que debe su fortuna al desconocido editor de aquel libro de mano en que lo encontró el Brocense, figurando entre las demás composiciones de Garcilaso como hijo de la misma mano. [393] Estas pocas composiciones al estilo antiguo de Castilla, acaso no fueron las únicas que escribió Garcilaso, pero la ruina que alcanzó seguramente a todas las poesías de nuestro poeta, por causa de su orfandad, debió señalarse en las de este género, como más humildes y menos estimadas. Herrera no las acogió en su edición. Los versos cortos, ante la magnificencia del endecasílabo italiano, vinieron a creerse incapaces de conceptos graves, y por esto, y por ser vicio común dar más estima a las cosas extrañas que a las nuestras, cayeron en menosprecio. (Tamayo, fols. 80-82.) Según Castro, esta primera Canción lleva en un manuscrito de Iriarte el siguiente epígrafe: _A doña Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición._ [394] En otras ediciones lleva este epígrafe: _A una partida_. [395] Epígrafe: _Traduciendo cuatro versos de Ovidio_. [396] «A una señora que andando él y otro paseando, les echó una red empezada y un uso comenzado a hilar en él, y dijo que aquello había trabajado todo el día.» En el citado manuscrito de Iriarte, según Castro, decía: _A D.ª Mencía de la Cerda que le dio una red y díjole que aquello había hilado aquel día._ [397] «Glosa de Garci-Lasso sobre este villancico», dice el Brocense; el villancico solo lo forman los tres primeros versos, y dice Castro que, según se ve en las obras de Boscán, esta copla fue escrita a D. Luis de la Cueva porque bailó en palacio con una dama que llamaban la Pájara. Boscán, el Duque de Alba y otros muchos caballeros escribieron a propósito del mismo asunto. [398] «En un códice de poesías varias que perteneció al célebre anticuario aragonés D. Vicencio Juan de Lastanosa, y más tarde a los Iriartes, se leen estas redondillas: _A Boscán, porque estando en Alemaña danzó en unas bodas_.» Las publicó Gayangos, notas a Ticknor, tomo II, pág. 488. El Sr. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 479, supone que Boscán debió ir a Alemania acompañando al Duque de Alba, como Garcilaso, cuando el socorro de Viena, 1532, aunque el poeta no le menciona en la descripción que de aquel viaje dejó en la Eg. II. [399] Esta carta escribió Garcilaso de la Vega en 1533, hallándose en Barcelona como emisario del Virrey de Nápoles; sirve de prólogo a la traducción de _El Cortesano_ hecha por Boscán, y es la única muestra que la áurea pluma de nuestro poeta dejó de la excelencia de su prosa. D.ª Jerónima Palova de Almogávar, parienta, acaso de Boscán, a juzgar por el segundo apellido, es la misma a quien este dedicó su libro. Sigo el texto dado por D. Tomás Tamayo de Vargas en su edición de _Garcilaso_, Madrid, 1622. El Brocense, Herrera, Azara y Castro no publicaron esta carta. [400] «Andando yo en estas dudas, Vuestra Merced ha sido la que me ha hecho determinar, mandándome que le tradujese; y así todos los inconvenientes han cesado, y solo he tenido ojo a serviros.» (Boscán, _Carta-dedicatoria a D.ª Jerónima Palova_.) [401] «Mas como estas cosas me movían a hacello, así otras muchas me detenían que no lo hiciese, y la más principal era una opinión que siempre tuve de parecerme vanidad baja y de hombres de pocas letras andar romanzando libros; que aun para hacerse bien vale poco, cuanto más haciéndose tan mal que ya no hay cosa más lejos de lo que se traduce que lo que es traducido... viendo yo esto, y acordándome del mal que he dicho muchas veces de estos romancistas (aunque traducir este libro no es propiamente romanzalle, sino mudalle de una lengua vulgar en otra quizá tan buena), no se me levantaban los brazos a esta traducción.» (Boscán, _ibid._) [402] Y aun antes de que viniese a manos de Boscán, puesto que Garcilaso fue quien lo envió a su amigo desde Italia: «No ha muchos días que me envió Garcilaso de la Vega, como Vuestra Merced sabe, este libro llamado _El Cortesano_, compuesto en lengua italiana por el Conde Baltasar Castellón.» (Boscán, _ibid._) [403] El famoso autor de _Il Cortegiano_, Baltasar Castiglione, nació en tierra de Mantua, el 6 de diciembre de 1478, y murió en Toledo el 2 de febrero de 1529, siendo Nuncio en España del Papa Clemente VII, en cuyo tiempo las tropas imperiales saquearon a Roma. El Conde Castiglione «fue hombre de armas y hombre de corte, aventajado en todos los ejercicios y deportes caballerescos, maestro en el arte de la conversación y en todo primor de urbana galantería; profesor sutil de aquella filosofía de amor que la escuela platónica de Florencia había renovado doctamente; curioso especulador de la belleza en los cuerpos, en las almas y en las puras ideas; conocedor fino en las artes del diseño; amigo y consejero de Rafael, en quien parece haber inoculado su propio idealismo estético; pensador político y ameno moralista; poeta lírico y dramático y organizador de fiestas áulicas: todas estas cosas era Castiglione, sin sombra de pedantismo, con aquella cultura íntegra y multiforme, con aquella serena visión del mundo que renovaba los prodigios de la antigüedad en algunos espíritus selectos del siglo XVI». (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, págs. 80-81.) Primera edición de su obra: _Il Libro del Cortegiano_ | _del Conte Baldesar_ | _Castiglione_ (Escudo del