Chapter 13 of 20
Obras — Part 13
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unas veces _un alta, un agua, un hora_, etc., y otras, _una alta, una agua, una hora_; comp., por ejemplo, en la edición de Castro, Eg. I, v. 46, 47, 218, y 69, 259; Eg. II, 182, 718, etc. [37] Galatea, Elisa, Camila, Gravina, Flérida y Filis son los nombres de las pastoras de Garcilaso, pero la historia recuerda preferentemente a la primera unida al nombre del poeta: «Aquella cuyo nombre entronizado -- por vos ha sido más que de Catulo -- el nombre de su Lesbia celebrado... -- Más que del claro Castillejo, Ana, -- Más que de Garcilaso, Galatea...» (F. Rodríguez Marín, _Barahona_, pág. 29.) [38] _mesquina_, como _entristesco_, Eg. I, v. 254; _mesclado_, Eg. II, v. 252, etc.; estas formas con _sc_ tienen en castellano más abolengo y más historia que las modernas con _zc_. (R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 112,3.) [39] Tal pensamiento encontró Herrera (pág. 406) en Dante, Ariosto y Jorge de Resende; este último dijo así: «Senhora, pois me matais --Por vos dar meu coraçãm. -- Peço vos que me digais -- De que manera tratais -- A os que vossos nam sãm...» Aun cuando en lengua extraña, entiendo que estos versos pueden aquí servir para comprender mejor los de Garcilaso. [40] «Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla, como ociosamente pleonástico, este verso, que tan sentidamente exprime el dolor de Salicio por la inconstancia de Galatea. Dudo que a nadie parezcan más expresivos aquellos acumulados pleonasmos de Homero que el mismo escritor llama bellísimos: “Pero Aquiles pretende _sobre todos_ -- _Los otros ser, a todos dominarlos_, -- _Sobre todos mandar, y como jefe_, -- _Dictar leyes a todos_.”» Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 411, nota. [41] No ha desaparecido aún la creencia vulgar en los agüeros de las aves. Dicen de la lechuza, ave nocturna, que cuando grazna sobre la chimenea de alguna casa es anuncio de una gran desgracia para la familia que allí viva (La Mancha). Sobre la antigüedad de estas supersticiones y lo arraigadas que estuvieron en España y en el mediodía de Francia, véase Amador de los Ríos, _Hist. de la Lit._, IV, 520, etc.; _Rev. de España_, tomo 17 y 18; Fauriel, _Histoire de la poésie provenç._, III, 305, etc.; Restori, _La Gesta del Cid_, pág. 208; sobre los agüeros de las aves en nuestra literatura medioeval, véase R. Menéndez Pidal, _La Leyenda de los Infantes de Lara_, pág. 8. [42] Garcilaso recuerda en muchas de sus poesías el patrio, celebrado y rico Tajo, felice y claro río de su tierra natal, Eg. III, v. 106, 197, 214, 246 y 300; Eg. II, v. 528, 532; Son. XXIV, v. 12, etc.; lo cual llenaba de satisfacción al insigne toledano D. Tomás Tamayo de Vargas; en cambio, el nombre de la ciudad de Toledo no aparece nunca en estos versos, aun cuando el poeta habla de ella en la Eg. III, a no ser como apellido de la casa de Alba. [43] Dice el Brocense: «Alegoría es, como si dijera: De la suerte que el agua se huía por camino desusado, ansí imaginaba que me habías de dejar por otro.» [44] El uso de _cúyo_, interrogativo, ha desaparecido de nuestro idioma. «No creo que sean aceptables en el día las construcciones: _¿Cúyo buque ha naufragado?_ _¿Cúya casa habitas?_ _¿A cúya protección te acoges?_, sin embargo de recomendarlas su precisión y sencillez y la autoridad de nuestros clásicos.» (Bello-Cuervo, _Gramática_, París, 1907, § 336.) [45] «La parra se casa con el olmo y es su amiga, porque crece en él, que, según Virgilio, se maridaban las parras a los olmos, y hoy se usa junto a Barcelona. La que estaba sola se decía viuda, y así la llama Catulo; y al olmo nombra el mesmo, marido de la vid...» (Herrera, 423.) [46] Hay que leer: _Y-de-ha-cer_...para que el verso resulte cabal. La _f_ del latín se conservó en el castellano escrito hasta fines del siglo XV: _fablar_, _fazer_, _folgar_, _foja_, _fijo_, etc., y después fue sustituida por la _h_, que era verdadera aspirada en los siglos XV y XVI. No he encontrado ningún caso en que Garcilaso prescindiese de la aspiración de la _h_: véase más abajo, versos 162, 209; Eg. II, v. 462, 472, 490, 509, 535, 545, etc; cuando a la _h_ precede una consonante, el verso no sirve para dar idea de la aspiración: Eg. II, 500, 510, 516, 536, 623, 630, etc.; a fines del siglo XVI los escritores empiezan a vacilar, y unas veces aspiran la _h_ y otras no. (R. Menéndez Pidal, _Gramática Hist._, § 38,2; F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, págs. 399-402.) Extraño es que Boscán elidiese ya la _h_ en muchos casos al uso moderno. (M. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 215.) [47] Herrera puntúa aquí de esta manera: ..._abundo en mi majada; -- La manteca y el queso está sobrado_. El sentido es el mismo, pero la frase parece mejor con la variante seguida en el texto. [48] _Títiro_: divinidad campestre de la alegre corte de Baco. Los poetas bucólicos usaban este nombre como sinónimo de _pastor_. _El mantuano títiro_, llamado más comúnmente _el cisne de Mantua_, es el poeta latino Virgilio. [49] «Esto de mirarse en el mar --dice el Brocense--, primero lo dijo Teócrito, y de allí lo tomó Virgilio, y luego los demás. Y con todo eso dicen que es yerro decirlo, porque en el mar ni en aguas corrientes no se puede ver la figura.» Salicio no mentía; Herrera lo defiende con ejemplos clásicos; pero mejor testimonio es el de la experiencia: puede verse la figura en cualquier remanso de agua corriente. [50] _cierto_, con valor adverbial, por _ciertamente_, como _dulce_ por _dulcemente_, Eg. II, v. 1100; _inmenso_ por _inmensamente_: «Las grandes virtudes _inmenso_ le aplacen.» (Juan de Mena, _Las Trescientas_, copla CCXIII.) [51] Esta ingenua declaración de Salicio no estaba mal vista en los pastores de églogas; pruébanlo los ejemplos de Herrera, pág. 246; no obstante, el ingenioso Lope, que en multitud de ocasiones recordó a Garcilaso, parodió este pasaje en su _Gatomaquia_: «Pues no soy yo tan feo, -- Que ayer me vi, mas no como veo, -- En un caldero de agua, que de un pozo -- Sacó para regar mi casa un mozo, -- Y dije: “¿Esto desprecia Zapaquilda? -- Oh celos, oh impiedad, oh amor, reñilda.”» [52] _Estremo_ es la Extremadura, así dicha, según Mariana, por haber sido mucho tiempo frontera, y lo extremo y postrero que por aquella parte poseían los cristianos. [53] «Las tristes lágrimas mías -- En piedras hacen señal -- Y en vos nunca por mi mal.» Canción antigua de la cual no cita Herrera, pág. 428, más que estos versos. [54] _No volviendo siguiera los ojos a los desgraciados a quienes tú hiciste derramar lágrimas._ Esto se lee de una manera muy diferente en los textos de Tamayo, Azara y Castro. [55] _un espesura._ La elisión de la a ha sido lícita ante vocal, aun fuera de los casos indicados en la nota al verso 46; escritores en prosa, poco anteriores a Garcilaso, usaban también, con los poetas, de esta licencia; Micer Gonzalo de Santa María en _Evangelios e Epistolas_ (1485), reedición de Upsala, 1908, escribía _un statua_, 78-3; _un estrella_, 281-12. [56] He enmendado el verso de Herrera que, sin duda, por error de imprenta dice así: _Al que todo mi bien quitarme me puede_. [57] _Filomena_ es el ruiseñor; tiene una trágica leyenda. Un viejo rey de Atenas, Pandión, tenía dos hijas bellísimas, y Tereo, rey de Tracia, casó con una de ellas, con Procné. Cierto día Procné quiso ver a su hermana Filomena, y el rey Tereo marchó a Atenas para traer a sus palacios a la princesa, su cuñada. A la vista de la joven ardió Tereo en ciega pasión; durante el viaje le descubrió sus torpes deseos, y al llegar a una selva triunfó de su virginidad. Vuelta en sí Filomena, juró al cielo venganza. «Yo misma --dijo a Tereo-- he de arrostrar la vergüenza para publicar tu delito: he de descubrirlo al universo entero.» El feroz tirano, en su ira, para que no le delatase, le cortó la lengua y la dejó presa en cárcel de rocas. Filomena bordó en una tela la historia de su desgracia, y con una criada la envió a su hermana Procné, que la lloraba creyéndola muerta. Procné, secretamente, la sacó de su cárcel; sintió hacia su marido un odio mortal; ¿qué venganza podía ser la más cruel?... Sacrificó en sí misma su amor de madre; mató a Itis, su propio hijo; puso a hervir una parte de él en vasijas de cobre, y, en la comida, sirvió a su esposo aquel manjar. Pregunta el padre: «¿Dónde está Itis?» Procné contesta: «Está contigo.» Y entonces Filomena se adelanta y arroja la lívida cabeza del niño al rostro de Tereo. Prorrumpe este en horrorosos lamentos; desnudando la espada corre tras de las hijas de Pandión; pero ellas, como si tuvieran alas, huyeron. Y en efecto, alas tenían: Filomena, transformada en ruiseñor, desapareció en una arboleda inmediata; Procné, hecha golondrina, aún tiene en su plumaje, como vestigios de su cruel asesinato, manchas de sangre. Tereo, sediento de venganza, fue convertido en abubilla, la de vistoso penacho y pico de dardo; hay quien dice que se transformó en gavilán; Itis, quedó en jilguero. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. VI, fáb. VI.) Ahora bien: el ruiseñor no es blanco, _la blanca Filomena_, por lo cual al Brocense le pareció mejor _la blanda Filomena_, y esta enmienda siguieron Azara, Castro y otros; también la defiende Tamayo (fol. 41-43), porque aquel ruiseñor blanco que presentaron, según dicen, a Agripina, mujer de Claudio, túvolo Plinio ya por maravilla; pero dice Herrera (pág. 429): «con licencia de ellos no hizo mal Garcilaso en dalle tal apuesto, porque el color blanco es purísimo y el más perfeto de los colores, y por traslación al ánimo se toma por sincero, y así _blanca_ significa simple, sencilla, pura y piadosa...» [58] Este nombre, _Nemoroso_, ha servido también de adjetivo poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos de Cairasco de Figueroa en su _Templo militante_, y de Lope de Vega en su _Arcadia_; San Juan de la Cruz en la _Canción entre el alma y su esposo_, dice: «Mi amado, las montañas, -- Los valles solitarios _nemorosos_, -- Las ínsulas extrañas, -- Los ríos sonorosos, -- El silbo de los aires amorosos...» [59] _Piérides_, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas, tanto que, audaces, como poetas vanidosos, se disputaron con ellas el triunfo de las artes, y en castigo de su temeridad fueron convertidas en urracas. (Ovidio, _Metamórfosis_, lib. V, fáb. IV.) No obstante la poesía suele llamar también _Piérides_ a las Musas verdaderas, sin duda, porque, según Hesiodo, nacieron en la Piérida, provincia de Macedonia. [60] Si _Nemoroso_ y _Salicio_ son Garcilaso (nota al verso 2), _Elisa_ y _Galatea_ deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores son, en efecto, compatibles como episodios de un mismo amor. El afortunado rival a quien alude _Salicio_ en los versos 127-137 y en el 180, acaso fue D. Antonio de Fonseca, marido de D.ª Isabel; esto parece confirmar el epígrafe de la _Canción primera en versos cortos_, según el manuscrito de Iriarte: «A D.ª Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición.» [61] Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: _Más convenible fuera aquesta suerte_; pero Herrera, aunque advirtió el defecto, tuvo a bien respetarlo. [62] _coluna._ Evolución tardía del cultismo _columna_. El grupo de consonante _mn_ dio _ñ_ en su primitiva evolución: _damnu_, _daño_; _somnu_, _sueño_. (V. R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 47,2,a.) [63] Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis Tribaldos de Toledo, propone una enmienda en que se suprime un verso «y se quita la superfluidad, y aquel _blanco pecho_, que tiene algo de lascivo, y se refiere la gloria a los cabellos, _el dorado techo_, sobre el cuello, _la coluna_, con mayor encarecimiento». En cuanto a Herrera, lo que quisiera corregir es lo de _blando pecho_, y decir en su lugar _blanco_. Muchas ediciones han aceptado esta corrección, entre ellas la de Tamayo. Por lo demás, el mismo Herrera, pág. 436, dijo: «¿quién ha de poner mano en obras de un escritor tan alabado y recebido de la opinión pública? Basta apuntar este error, y quede así solamente notado.» [64] _Cargar la mano_; no es pequeño mérito de un poeta tan ilustre como Garcilaso haber sabido mantener correcto y elegante su lenguaje, sin desdeñar giros, frases y modismos sacados de la entraña del castellano: _Por el paso en que me ves, te juro_..., Eg. II, v. 653; _Callar que callarás_, íd., 922; _Yo, para mi traer_..., íd., 899; _Dar al travieso_, íd., 952; _Daca, hermano_..., íd., 969; _Diz que_..., íd., 1076; _Entrar con pie derecho_, íd., 1467; _Dar de mano_, íd. 1478; _Tomar a destajo_, Eg. III, 193; _Traer por los cabellos_..., canc. IV, v. 7; _Darse buena mano_, Apéndice I; _A todo correr_, Apéndice I, etc. Complétase esta nota con las de los versos 360, Eg. I, y 142, Eg. II. El culto Herrera se indignaba de esto. [65] El Brocense enmendó _aquello que_; pero Herrera dejó _aquella_, interpretando, sin duda, así: «Aquella cosa que con medrosa forma o imagen se nos ofrece de noche y pone horror.» [66] Parece que en este verso puede elidirse la aspiración de la _h_, pero acaso le corresponda esta lectura: «Su-luz-pu-ra-y-her-mo-sa.» (V. nota anterior, al verso 157.) [67] Este pensamiento es el mismo de la famosa cantilena de Esteban Manuel de Villegas (1595-1669): «Yo vi sobre un tomillo -- quejarse un pajarillo -- viendo su nido amado, -- de quien era caudillo -- de un labrador robado...» Hállase en poetas latinos y en otros castellanos; nació en las _Geórgicas_ de Virgilio, según Herrera, pág. 439. [68] La noche no consuela su llanto ni sus quejas. [69] Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno. [70] Deseo insistir en la intención de la nota al verso 289, de esta misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del castellano familiar, recordando al lado de esta: _más ardiente que la llama_, las siguientes: _más dura que mármol_, v. 57; _más helada que nieve_, v. 59; _más fuerte que el hierro_, v. 265; _más rubio que el oro_, v. 274; _lo quiero más que a mis ojos_, Eg. II.ª, v. 747, etc. [71] La noche de la muerte de Elisa. [72] _Aquel duro trance_ es el trance del parto. _Lucina_ es Diana, a quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por diosa de la castidad. «Suponía la fábula que Diana, nacida momentos antes que Apolo, había presenciado los dolores y padecimientos de su madre Latona, y que esto le inspiró tal horror al matrimonio y compasión por las mujeres en el trance de ser madres, que imploró de Júpiter el don de perpetua virginidad y la facultad de favorecer los alumbramientos difíciles.» (Gebhardt, _Los dioses de Grecia y Roma_, tomo I, pág. 119.) [73] _inesorable_, inexorable; véase Eg. II.ª, v. 253, nota. [74] Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya Salicio es ido! -- ¡Salicio es ido! luego respondieron -- Las selvas, redoblando su ruído... -- Y tú, Apolo, ¿dó estabas, que testigo --No fuiste cuando el cuerpo dio en el suelo -- Por mano del sacrílego enemigo?... -- Y tú, Venus dorada... -- ¿Por qué no socorriste el doloroso -- Trance de tu poeta?...» [75] Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de Júpiter, tiene la facultad de dormir eternamente, sin envejecer ni morir. Diana, la Luna, enamorada de él, baja todas las noches en su carro de plata, a contemplarle en silencio, a besarle y a reposar a su lado. (Véase Gebhardt, _obr. cit._, tomo I, pág. 133.) [76] _comovida_; reducción de la forma culta _conmovida_; casos análogos _tramontar_, Eg. I, v. 412; _ecelencia_, Eg. II, v. 1741; _comovió_, Eg. II, v. 1817; _lacivo_, Eg. III, v. 93, etc.; véase nota al v. 1298 de la Eg. II. [77] _Tercera rueda_: Juan de Mena, _Las Trescientas_, tercer cerco. «Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna otra benina estrella se engendran cosas tan cercanas al poder de la hermosa Venus.» (Herrera, pág. 444.) [78] El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace aquí la siguiente reconvención: «Mucho es gastar un día en el canto; porque _Salicio_ comenzó al salir del sol.» y «_Nemoroso_ acaba al poner del sol.» (Pág. 445.) [79] _recordando_, despertando. De esta significación antigua de _recordar_ hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase para los palacios -- donde sus damas están -- dando palmadas en ellas --Las empezó de llamar: -- Si dormides, mis doncellas, -- si dormides, recordad! -- Las que sabedes de amores -- consejos me queráis dar...» (R. Menéndez Pidal, _El Romancero Español_, The Hispanic Society of America, 1910, págs. 25-26.) [80] Intervienen tres pastores: _Albanio_, _Salicio_ y _Nemoroso_ y la pastora _Camila_, ninfa de _Albanio_. «Esta égloga es poema dramático, que también se dice _ativo_, en que no habla el poeta, sino las personas introducidas... Tiene mucha parte de principios medianos de comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía.» (Herrera, pág. 537.) «Es muy desigual, y aunque en ella se hallan muchos pedazos excelentes, en el todo no puede compararse con la primera.» Azara. Fue escrita después del socorro de Viena y después del destierro del poeta en la isla del Danubio; seguramente