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Obras

Chapter 12 of 20

Obras — Part 12

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_Soneto XX_. 227 Con un manso ruido, _Canción III_. 183 Cuando me paro a contemplar mi estado, _Soneto I_. 205 Culpa debe ser quereros, _Versos cortos I_. 255 De aquella vista pura y ecelente, _Soneto VIII_. 215 De la red y del hilado, _Versos cortos V_. 258 Dentro en mi alma fue de mí engendrado, _Soneto XXXI_. 243 Echado está por tierra el fundamento, _Soneto XXVI_. 235 El aspereza de mis males quiero, _Canción IV_. 187 El dulce lamentar de dos pastores, _Égloga I_. 1 En fin, a vuestras manos he venido, _Soneto II_. 207 En medio del invierno está templada, _Égloga II_. 27 En tanto que de rosa y azucena, _Soneto XXIII_. 231 Escrito está en mi alma vuestro gesto, _Soneto V_. 211 Estoy contino en lágrimas bañado, _Soneto XXXII_. 245 Gracias al cielo doy que ya del cuello, _Soneto XXXIV_. 248 Hermosas ninfas, que en el río metidas, _Soneto XI_. 218 Ilustre honor del nombre de Cardona, _Soneto XXIV_. 232 Julio, después que me partí llorando, _Soneto XIX_. 226 La gente se espanta toda, _Versos cortos VII_. 259 La mar en medio y tierras he dejado, _Soneto III_. 208 La soledad siguiendo, _Canción II_. 179 Mario, el ingrato amor, como testigo, _Soneto XXXIII_. 246 Mi lengua va por do el dolor la guía, _Soneto XXXVII_. 253 Nadie puede ser dichoso, _Versos cortos VIII_. 260 No las francesas armas odiosas, _Soneto XVI_. 223 No pierda más quien ha tanto perdido, _Soneto VII_. 214 ¡Oh hado esecutivo en mis dolores, _Soneto XXV_. 234 ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, _Soneto X_. 217 Pasando el mar Leandro el animoso, _Soneto XXIX_. 240 Pensando que el camino iba derecho, _Soneto XVII_. 224 Por ásperos caminos he llegado, _Soneto VI_. 212 Pues este nombre perdí, _Versos cortos IV_. 257 ¿Qué testimonios son estos, _Versos cortos VI_. 258 Señora mía, si de vos yo ausente, _Soneto IX_. 216 Señor Boscán, quien tanto gusto tiene, _Epístola_. 169 Si a la región desierta, inhabitable, _Canción I_. 175 Si a vuestra voluntad yo soy de cera, _Soneto XVIII_. 225 Si de mi baja lira, _Canción V_. 197 Siento el dolor menguarme poco a poco, _Soneto XXXVIII_. 254 Si para refrenar este deseo, _Soneto XII_. 219 Si quejas y lamentos pueden tanto, _Soneto XV_. 222 Sospechas, que en mi triste fantasía, _Soneto XXX_. 242 Un rato se levanta mi esperanza, _Soneto IV_. 210 Yo dejaré desde aquí, _Versos cortos II_. 256 ÍNDICE GENERAL Págs. _Introducción._ VII _Datos bibliográficos._ XXI ÉGLOGAS I.--El dulce lamentar de dos pastores. 1 II.--En medio del invierno está templada. 27 III.--Aquella voluntad honesta y pura. 123 ELEGÍAS I.--Aunque este grave caso haya tocado. 145 II.--Aquí, Boscán, donde del buen troyano. 159 EPÍSTOLA Señor Boscán, quien tanto gusto tiene. 169 CANCIONES I.--Si a la región desierta, inhabitable. 175 II.--La soledad siguiendo. 179 III.--Con un manso ruído. 183 IV.--El aspereza de mis males quiero. 187 V.--Si de mi baja lira. 197 SONETOS I.--Cuando me paro a contemplar mi estado. 205 II.--En fin, a vuestras manos he venido. 207 III.--La mar en medio y tierras he dejado. 208 IV.--Un rato se levanta mi esperanza. 210 V.--Escrito está en mi alma vuestro gesto. 211 VI.--Por ásperos caminos he llegado. 212 VII.--No pierda más quien ha tanto perdido. 214 VIII.--De aquella vista pura y ecelente. 215 IX.--Señora mía, si de vos yo ausente. 216 X.--¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas! 217 XI.--Hermosas ninfas, que en el río metidas. 218 XII.--Si para refrenar este deseo. 219 XIII.--A Dafne ya los brazos le crecían. 220 XIV.--Como la tierna madre que al doliente. 221 XV.--Si quejas y lamentos pueden tanto. 222 XVI.--No las francesas armas odiosas. 223 XVII.--Pensando que el camino iba derecho. 224 XVIII.--Si a vuestra voluntad yo soy de cera. 225 XIX.--Julio, después que me partí llorando. 226 XX.--Con tal fuerza y vigor van concertados. 227 XXI.--Clarísimo Marqués, en quien derrama. 228 XXII.--Con ansia estrema de mirar qué tiene. 229 XXIII.--En tanto que de rosa y azucena. 231 XXIV.--Ilustre honor del nombre de Cardona. 232 XXV.--¡Oh hado esecutivo en mis dolores! 234 XXVI.--Echado está por tierra el fundamento. 235 XXVII.--Amor, amor, un hábito vestí. 237 XXVIII.--Boscán, vengado estáis con mengua mía. 239 XXIX.--Pasando el mar Leandro el animoso. 240 XXX.--Sospechas que en mi triste fantasía. 242 XXXI.--Dentro en mi alma fue de mí engendrado. 243 XXXII.--Estoy contino en lágrimas bañado. 245 XXXIII.--Mario, el ingrato amor, como testigo. 246 XXXIV.--Gracias al cielo doy que ya del cuello. 248 XXXV.--Boscán, las armas y el furor de Marte. 250 XXXVI.--A la entrada de un valle, en un desierto. 252 XXXVII.--Mi lengua va por do el dolor la guía. 253 XXXVIII.--Siento el dolor menguarme poco a poco. 254 CANCIONES EN VERSOS CORTOS I.--Culpa debe ser quereros. 255 II.--Yo dejaré desde aquí. 256 III.--Acaso supo a mi ver. 257 IV.--Pues este nombre perdí. 257 V.--De la red y del hilado. 258 VI.--¿Qué testimonios son estos? 258 VII.--La gente se espanta toda. 259 VIII.--Nadie puede ser dichoso. 260 APÉNDICES I.--A la muy magnífica señora doña Jerónima Palova de Almogávar, Garcilaso de la Vega. 261 II.--Carta de Garcilaso al Emperador Carlos V. 269 III.--Garsiae Lassi de la Vega ad Ferdinandum de Acuña, Epigramma. 271 IV.--Octava rima. 272 V.--Anécdota. 273 Índice alfabético de primeros versos. 275 ESTE LIBRO SE ACABÓ DE IMPRIMIR EN LA TIPOGRAFÍA DE «CLÁSICOS CASTELLANOS» EL DÍA III DE FEBRERO DEL AÑO MCMXI NOTAS [1] Heredaba D. García, por su padre D. Pedro, el apellido Suárez de Figueroa; pero, hijo segundón, educado acaso con su abuela D.ª Elvira, hermana de D. Íñigo, el famoso Marqués de Santillana, tomó el apellido de esta, la cual a su vez quiso conservar el de su madre D.ª Leonor Laso de la Vega en vez del de su padre D. Diego Hurtado de Mendoza. El solar de la Vega se halla en las Asturias de Santillana, en la ribera del Besaya, a una legua de Santillana y otra del mar. (V. Navarrete, _Vida de Garcilaso_, Ilust. I.) [2] «Don Pedro era un caballero de sanas entrañas y sin malicia, y junto con esta bondad, amigo de justicia y del bien del reino, y por esto se metió tanto en estos bullicios.» (Sandoval, _Hist. de Carlos V_, lib. V.) [3] Así dicen Herrera, Tamayo y Cienfuegos; pero Navarrete supone que debió criarse en la Casa Real, según la antigua costumbre que hacía educar junto a los príncipes a los hijos de los nobles. [4] Tamayo de Vargas, fol. 4. [5] V. Égloga I, notas a los versos 2 y 258. [6] V. Soneto XXVI, nota. [7] Los del linaje de la Cueva se oponían a aquel desposorio en su interés de que D.ª Isabel, única sucesora de Alburquerque, casara de modo que no se perdiera el nombre de la casa; tuvieron de su parte al Emperador, el cual despachó una cédula desde Bruselas a 4 de setiembre de 1531, prohibiendo que aquel matrimonio siguiera adelante; no obstante parece ser que los novios fueron desposados, en secreto, en una iglesia de Ávila, siendo testigo Garcilaso; noticioso de lo cual el Emperador le impuso dicho destierro, como castigo, en ocasión en que fue a servirle contra los turcos que asediaban a Viena. (V. Navarrete, _Vida_, 35 y siguientes.) [8] Véase la carta de creencia otorgada a Garcilaso por D. Juan Ribera, Capitán General de Toledo, en 12 de mayo de 1522. (Navarrete, _Vida_, pág. 203.) [9] V. Menéndez y Pelayo, _Antología_, XIII, pág. 38. [10] Cuenta D. Luis Zapata en su _Carlo Famoso_ que yendo Garcilaso a Roma a reunirse con el Emperador, después de cierta aventura galante, saliole al paso una dama que le anunció el peligro que le amenazaba por los facinerosos, hacia cuyas guaridas inconscientemente caminaba; agradeciendo el aviso, resolvió el caballero seguir adelante, y al internarse en un bosque, oyó resonar de silvos, cuernos y bocinas, con que se convocaban los salteadores; más de trescientos, bien armados, le rodearon; lanza en ristre, y firme en su caballo, les acometió; y matando a unos, hiriendo a otros y haciendo huir a los restantes, logró llegar, salvo y con honra, a su destino. Es evidente que en el fondo de este fantástico relato hay, por lo menos, de cierto la opinión de valiente en que el poeta vivió. [11] Navarrete, _Vida_, pág. 85. [12] Dejó Garcilaso tres hijos: Garcilaso, D. Pedro y D.ª Sancha, y otro, además, D. Lorenzo, que se sospecha fuese natural; murió el primero a los veinticinco años en la defensa de Ulpiano contra los franceses; profesó el segundo en la Orden de Santo Domingo; casó D.ª Sancha con D. Antonio Puertocarrero, y D. Lorenzo, espíritu cáustico, desterrado a Orán, como autor de una aguda sátira, dícese que murió en el camino. [13] Un epigrama latino se hallará en el Apéndice de este volumen. [14] Los sonetos, por hallazgos posteriores, montan hoy a 38, algunos de dudosa autenticidad, según se advertirá en su lugar; figuran, además, en la presente edición, varias composiciones que el autor escribió en versos cortos, la carta-prólogo escrita para la traducción de _El Cortesano_ de Boscán, y otra breve carta del poeta al Emperador. [15] _Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega, repartidas en cuatro libros._ -- Escudo del Emperador con el _Plus Ultra_. -- _Cvm Privilegio Imperiali. Carles Amorós._ -- Colofón: «Acabaronse de imprimir las obras de Boscán y Garcilasso de la Vega: en Barcelona, en la Officina de Carles Amoros, a los XX del mes de Março: Año de M.D.XLIII.» 4.º, 8 hojas preliminares, más 242 de texto. [16] El mismo Boscán en su carta a la Duquesa de Soma, prólogo del segundo libro de sus poesías, declara la parte que tomó Garcilaso en la reforma: «Comencé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad, por ser muy dificultoso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro; pero después pareciéndome, quizá con el amor de las cosas propias, que esto comenzaba a sucederme bien, fui paso a paso metiéndome con calor en ello; mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante, si Garcilaso con su juicio, el cual, no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda, y así alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomele de aprobar con su ejemplo, porque quiso él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente.» [17] F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, página 282. [18] Versos 37 y 40 de su égloga III. [19] Prólogo de Francisco de Medina a las _Anotaciones_ de Herrera, pág. 8. [20] Elegía II, verso 24. [21] Elegía II, verso 145 y siguientes. [22] Hizo lugar honroso en sus escritos al nombre de D. Fernando de Toledo, gran Duque de Alba, Eg. II; D. Pedro de Toledo, Virrey de Nápoles, Eg. I; fray Severo, ayo del gran Duque, Eg. II; D.ª María de la Cueva, Condesa de Osuna, Eg. III; D. Bernardino de Toledo, Eleg. I; D.ª Catalina Sanseverino, la Flor de Gnido, Canc. V; Mario Galeota, soneto XXXIII; D. Fernando de Guzmán, hermano del poeta, soneto XVI; Julio César, poeta napolitano, soneto XIX; D. Alonso de Ávalos, Marqués del Vasto, soneto XXI; D.ª María de Cardona, Marquesa de la Padula, soneto XXIV, y particularmente a su amigo Boscán, Eg. II, Eleg. II, epíst., sonetos XXVIII y XXXV, y versos cortos VII. [23] Véanse las notas a los versos 2 y 258 de la Eg. I, y al 20 de la Eg. II. [24] V. M. Menéndez y Pelayo, _Juan Boscán_, páginas 132-138. [25] Égloga I: El dulce lamentar de dos pastores Cristo y el pecador triste y lloroso He de cantar sus quejas imitando, etc. [26] Se halla noticia de tal sistema ortográfico y de sus pormenores en el libro del Conde de la Viñaza, _Biblioteca histórica de la Filología Castellana_, Madrid, 1893, número 544. [27] Dedicó Garcilaso esta égloga a D. Pedro de Toledo, el _gran justador_, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles desde 1532 a 1553; fue hijo segundo de don Fadrique de Toledo y tío carnal del gran Duque de Alba D. Fernando. Hombre de carácter y talento, recibió del César el virreinato de Nápoles en momentos de peligro; al encargarse de él, llevó consigo desde Alemania a Garcilaso, consiguiendo que el Emperador le sacase de su destierro del Danubio. Fue su más constante protector. (Navarrete, págs. 44 a 49.) [28] _Salicio_ laméntase de celos; _Nemoroso_ llora la muerte de su pastora _Elisa_. _Salicio_ es Garcilaso, y _Elisa_, según todos los comentadores, es D.ª Isabel Freyre, dama portuguesa, esposa de D. Antonio de Fonseca. Muchos, desde Herrera, han creído que este D. Antonio es el _Nemoroso_ de la égloga; muchos más, desde el Brocense, han dicho que _Nemoroso_ no es sino Boscán, «porque _nemus_ es bosque», y D. Luis Zapata, autor del _Carlo Famoso_, asegura, en efecto, que Boscán conoció a _Elisa_ en la Corte, como dama que era de la Emperatriz D.ª Isabel de Portugal, y «fue su servidor antes que casase»; pero ambas opiniones en lucha han dado sus razones contrarias y se han destruido mutuamente. Y dice D. Manuel de Faria y Sousa: «Lo cierto es que no fue Boscán ni otro alguno, sino que Garcilaso se representa con ambos nombres, y esto es ordinario en los escritores de églogas... El introducir nombres sirve solo al diálogo; pero la persona es una sola. Así en la égloga de Garcilaso, lo mismo es _Salicio_ que _Nemoroso_.» El enamorado de D.ª Isabel Freyre, según el mismo Faria, no fue Boscán, sino Garcilaso «que de sus amores fue muy derretido estando ella en Palacio, y a ella son los más de sus versos... como quien la galanteó antes de casar». Sa de Miranda llama siempre _Nemoroso_ a Garcilaso. D.ª Carolina Michaëlis de Vasconcellos defiende la opinión de Faria y Sousa, y el maestro Menéndez y Pelayo dice: «Prefiero la tradición de Faria a la de Zapata, porque no es verosímil, ni posible siquiera, que la divina lamentación de _Nemoroso_, que es lo más tierno y apasionado que brotó de la pluma de Garcilaso, sea el eco o el reflejo de una pasión ajena, de la cual, por otra parte, no hay rastro en los versos de Boscán. Garcilaso ha puesto en aquellas estancias todo su corazón, y habla allí en nombre propio, no en el de su amigo, ni mucho menos en nombre del marido de su dama.» Todo esto con más extensión y con la documentación necesaria puede verse en el tomo XIII de la _Antología_ de Menéndez y Pelayo, págs. 55 a 60. [29] _Estado Albano_: el Reino de Nápoles, llamado así, acaso, por la vieja y famosa _Alba-Longa_, o por _Alba_, ciudad también famosa, donde los romanos hospedaban a los reyes bárbaros, sus cautivos. Se ha creído que _Albano_ es nombre propio (Bello-Cuervo, _Gram._, París, 1907, § 1171), y se ha dicho que representa al mismo Virrey (Mérimée, _Litt. Esp._, París, 1908, pág. 156); no advirtieron tal cosa los comentadores antiguos; ni D. Pedro era hombre para juegos pastoriles, ni Albano figura para nada en las églogas de Garcilaso, y si llama la atención encontrar en las ediciones antiguas _estado-Albano_, no siendo entonces obligada la mayúscula inicial de verso, téngase presente que también se imprimía _tigre Hircana_, _campo Placentino_, _campo Sarracino_, _arte Cortesana_, _sangre Turca_, etc., sin tratarse de nombres propios. Son ejemplos del texto de Tamayo, Eg. II. [30] _Marte_, para los griegos era el más odioso de los inmortales; los romanos le tenían por dios favorable y bienhechor; este rasgo, en pequeño, retrata a ambos pueblos. [31] _sobras_ = _superas_. _Sobrar_ tiene la misma etimología que _superar_, y en este caso tiene también la misma significación, que es la del latín _superare_. Repítese en la Eg. II, versos 1529 y 1540. El poeta juega aquí del vocablo entre _faltar_ y _sobrar_, este último en sus acepciones culta y corriente. [32] _dino_ = _digno_, como _maníficas_, Eg. II, v. 395. Demuestra que en aquel tiempo se pronunciaba _dino_, aun en lenguaje culto, el hecho de encontrar en buenos poetas rimas como _contino_, _dino_, etc. (F. Rodríguez Marín, _Luis Barahona de Soto_, pág. 402.) [33] Perífrasis del laurel con que se coronaban los guerreros triunfantes y los poetas heroicos, los eróticos se coronaban de mirto, y de hiedra los poetas menores. (Herrera, pág. 411.) Apolo dijo al laurel-Dafne--: «Tu follaje adornará mi cabellera y mis armas, y servirás de atavío a los guerreros del Lacio al resonar los alborozados gritos de la victoria y al desplegar el Capitolio sus triunfales pompas.» Ovidio, _Metamórfosis_, lib. I, fáb. X; véase adelante el soneto XIII. [34] La hiedra simboliza afecto y humildad; repítese esta imagen adelante, versos 135 y 243 de esta misma égloga: «Fue Ciso --la hiedra-- un mancebo que servía a Baco de danzante... y ejercitándose una vez delante él en aquel oficio, cayó en el suelo y se mató del golpe; y la tierra por honra de Baco crió... una planta, que luego que salió por la tierra, comenzó a abrazar la vid de la mesma suerte que solía en las danzas y bailes abrazar y rodear Ciso a Baco.» (Herrera, pág. 411.) [35] _el altura_. En tiempo de Garcilaso era lícita esta construcción: _el alegría_, Eleg. I, v. 261; _el ausencia_, Eleg. II, versos 72 y 80; _el aspereza_, canc. IV, v. 1; _el amarga memoria_, soneto XIX, v. 11, etc.; pero luego se admitió _el_ con femenino, tan solo en el caso en que siguiese _a_ acentuada, _el alma_, etc. (R. Menéndez Pidal, _Gram. Hist._, § 100,2.) [36] Herrera escribió aquí _un’ alta haya_; en el verso siguiente, _un’ agua_; en el 69, _un’ hora_, y así en muchos casos análogos, Eg. I, v. 217, 218, 257, etc.; Eg. II, 580, 718, etc.; yo he prescindido del apóstrofo y de la vocal _a_, huyendo de la contradicción de otros editores que, en iguales circunstancias, y sin motivo razonable, han escrito