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Poesías completas

Chapter 3 of 11

Poesías completas — Part 3

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clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano... Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano. De tu morena gracia, de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo negro y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios... De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso... Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco. XLI Me dijo una tarde de la primavera: Si buscas caminos en flor en la tierra, mata tus palabras y oye tu alma vieja. Los mismos ungüentos y aromas y esencias que en tus alegrías, verteré en tus penas. Que el mismo albo lino que te vista, sea tu traje de duelo, tu traje de fiesta. Ama tu alegría y ama tu tristeza, si buscas caminos en flor en la tierra. Respondí a la tarde de la primavera: Tú has dicho el secreto que en mi alma reza: yo odio la alegría por odio a la pena. Mas antes que pise tu florida senda, quisiera traerte muerta mi alma vieja. XLII La vida hoy tiene ritmo de ondas que pasan, de olitas temblorosas que fluyen y se alcanzan. La vida hoy tiene el ritmo de los ríos, la risa de las aguas que entre los verdes junquerales corren, y entre las verdes cañas. Sueño florido lleva el manso viento; bulle la savia joven en las nuevas ramas; tiemblan alas y frondas, y la mirada sagital del águila no encuentra presa... treme el campo en sueños, vibra el sol como un arpa. ¡Fugitiva ilusión de ojos guerreros que por las selvas pasas a la hora del cénit: tiemble en mi pecho el oro de tu aljaba! En tus labios florece la alegría de los campos en flor; tu veste alada aroman las primeras velloritas, las violetas perfuman tus sandalias. Yo he seguido tus pasos en el viejo bosque, arrebatados tras la corza rápida, y los ágiles músculos rosados de tus piernas silvestres entre verdes ramas. ¡Pasajera ilusión de ojos guerreros que por las selvas pasas cuando la tierra reverdece y ríen los ríos en las cañas! ¡Tiemble en mi pecho el oro que llevas en tu aljaba! XLIII Era una mañana y abril sonreía. Frente al horizonte dorado moría la luna, muy blanca y opaca; tras ella, cual tenue ligera quimera, corría la nube que apenas enturbia una estrella. ................................ Como sonreía la rosa mañana al sol del oriente abrí mi ventana; y en mi triste alcoba penetró el oriente en canto de alondras, en risa de fuente y en suave perfume de flora temprana. Fué una clara tarde de melancolía. Abril sonreía. Yo abrí las ventanas de mi casa al viento... El viento traía perfume de rosas, doblar de campanas... Doblar de campanas lejanas, llorosas, suave de rosas aromado aliento... ... ¿Dónde están los huertos floridos de rosas? ¿Qué dicen las dulces campanas al viento? ................................ Pregunté a la tarde de abril que moría: ¿Al fin la alegría se acerca a mi casa? La tarde de abril sonrió: La alegría pasó por tu puerta--y luego, sombría: Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa. XLIV El casco roído y verdoso del viejo falucho reposa en la arena... la vela tronchada parece que aún sueña en el sol y el mar. El mar hierve y canta... El mar es un sueño sonoro bajo el sol de abril. El mar hierve y ríe con olas azules y espumas de leche y de plata, el mar hierve y ríe bajo el cielo azul. El mar lactescente, el mar rutilante, que ríe en sus liras de plata sus risas azules... Hierve y ríe el mar!... El aire parece que duerme encantado en la fúlgida niebla de sol blanquecino. La gaviota palpita en el aire dormido, y al lento volar soñoliento, se aleja y se pierde en la bruma del sol. XLV El sueño bajo el sol que aturde y ciega, tórrido sueño en la hora de arrebol; el río luminoso el aire surca; esplende la montaña; la tarde es polvo y sol. El sibilante caracol del viento ronco dormita en el remoto alcor; emerge el sueño ingrave en la palmera, luego se enciende en el naranjo en flor. La estúpida cigüeña su garabato escribe en el sopor del molino parado; el toro abate sobre la hierba la testuz feroz. La verde, quieta espuma del ramaje efunde sobre el blanco paredón, lejano, inerte, del jardín sombrío dormido bajo el cielo fanfarrón. .................................... Lejos, enfrente de la tarde roja, refulge el ventanal del torreón. .................................... HUMORISMOS, FANTASÍAS, APUNTES LOS GRANDES INVENTOS XLVI LA NORIA La tarde caía triste y polvorienta. El agua cantaba su copla plebeya en los cangilones de la noria lenta. Soñaba la mula ¡pobre mula vieja! al compás de sombra que en el agua suena. La tarde caía triste y polvorienta. Yo no sé qué noble, divino poeta, unió a la amargura de la eterna rueda, la dulce armonía del agua que sueña y vendó tus ojos, ¡pobre mula vieja!... Mas sé que fué un noble, divino poeta, corazón maduro de sombra y de ciencia. XLVII EL CADALSO La aurora asomaba lejana y siniestra. El lienzo de Oriente sangraba tragedias, pintarrajeadas con nubes grotescas. ............................. En la vieja plaza de una vieja aldea, erguía su horrible pavura esquelética el tosco patíbulo de fresca madera... La aurora asomaba lejana y siniestra. XLVIII LAS MOSCAS Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas. ¡Oh, viejas moscas voraces como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil! ¡Moscas del primer hastío en el salón familiar, las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar! Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas, perseguidas por amor de lo que vuela, --que todo es volar--sonoras, rebotando en los cristales en los días otoñales... Moscas de todas las horas, de infancia y adolescencia, de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia, que da en no creer nada, de siempre... Moscas vulgares, que de puro familiares no tendréis digno cantor: yo sé que os habéis posado sobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos... Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas. XLIX ELEGÍA DE UN MADRIGAL Recuerdo que una tarde de soledad y hastío, ¡oh tarde como tantas! el alma mía era, bajo el azul monótono, un ancho y terso río que ni tenía un pobre juncal en su ribera. ¡Oh mundo sin encanto, sentimental inopia que borra el misterioso azogue del cristal! ¡Oh el alma sin amores que el Universo copia con un irremediable bostezo universal! ................................ Quiso el poeta recordar a solas, las ondas bien amadas, la luz de los cabellos que él llamaba en sus rimas rubias olas. Leyó... La letra mata: no se acordaba de ellos... Y un día--como tantos--al aspirar un día aromas de una rosa que en el rosal se abría, brotó, como una llama la luz de los cabellos que él en sus madrigales llamaba rubias olas, brotó, porque una aroma igual tuvieron ellos... Y se alejó en silencio para llorar a solas. L ACASO... Como atento no más a mi quimera no reparaba en torno mío, un día me sorprendió la fértil primavera que en todo el ancho campo sonreía. Brotaban verdes hojas de las hinchadas yemas del ramaje, y flores amarillas, blancas, rojas, variolaban la mancha del paisaje. Y era una lluvia de saetas de oro, el sol sobre las frondas juveniles; del amplio río en el caudal sonoro se miraban los álamos gentiles. Tras de tanto camino es la primera vez que miro brotar la primavera, dije, y después, declamatoriamente: --¡Cuán tarde ya para la dicha mía!-- Y luego, al caminar, como quien siente alas de otra ilusión:--Y todavía ¡yo alcanzaré mi juventud un día! LI JARDÍN Lejos de tu jardín quema la tarde inciensos de oro en purpurinas llamas, tras el bosque de cobre y de ceniza. En tu jardín hay dalias. ¡Malhaya tu jardín!... Hoy me parece la obra de un peluquero, con esa pobre palmerilla enana, y ese cuadro de mirtos recortados... y el naranjito en su tonel... El agua de la fuente de piedra no cesa de reir sobre la concha blanca. LII FANTASÍA DE UNA NOCHE DE ABRIL ¿Sevilla?... ¿Granada?... La noche de luna. Angosta la calle, revuelta y moruna, de blancas paredes y obscuras ventanas. Cerrados postigos, corridas persianas... El cielo vestía su gasa de abril. Un vino risueño me dijo el camino. Yo escucho los áureos consejos del vino, que el vino es a veces escala de ensueño. Abril y la noche y el vino risueño cantaron en coro su salmo de amor. La calle copiaba, con sombra en el muro, el paso fantasma y el sueño maduro de apuesto embozado, galán caballero: espada tendida, calado sombrero... La luna vertía su blanco soñar. Como un laberinto mi sueño torcía de calle en calleja. Mi sombra seguía de aquel laberinto la sierpe encantada, en pos de una oculta plazuela cerrada. La luna lloraba su dulce blancor. La casa y la clara ventana florida, de blancos jazmines y nardos prendida, más blanco que el blanco soñar de la luna... --Señora, la hora, tal vez importuna... ¿Qué espere? (La dueña se lleva el candil). Ya sé que sería quimera, señora, mi sombra galante buscando a la aurora en noche de estrellas y luna, si fuera mentira la blanca nocturna quimera que usurpa a la luna su trono de luz. ¡Oh dulce señora, más cándida y bella que la solitaria matutina estrella tan clara en el cielo! ¿por qué silenciosa oís mi nocturna querella amorosa? ¿Quién hizo, señora, cristal vuestra voz?... La blanca quimera, parece que sueña. Acecha en la oscura estancia la dueña. --Señora, si acaso otra sombra emboscada teméis, en la sombra, fiad en mi espada... Mi espada se ha visto a la luna brillar. ¿Acaso os parece mi gesto anacrónico? El vuestro es, señora, sobrado lacónico. ¿Acaso os asombra mi sombra embozada, de espada tendida y toca plumada?... ¿Seréis la cautiva del moro Gazul?... Dijéraislo, y pronto mi amor os diría el son de mi guzla y la algarabía más dulce que oyera ventana moruna. Mi guzla os dijera la noche de luna, la noche de cándida luna de abril. Dijera la clara cantiga de plata del patio moruno, y la serenata que lleva el aroma de floridas preces a los miradores y a los ajimeces, los salmos de un blanco fantasma lunar. Dijera las danzas de trenzas lascivas, las muelles cadencias de ensueños, las vivas centellas de lánguidos rostros velados, los tibios perfumes, los huertos cerrados; dijera el aroma letal del harén. Yo guardo, señora, en mi viejo salterio también una copla de blanco misterio, la copla más suave, más dulce y más sabia que evoca las claras estrellas de Arabia y aromas de un moro jardín andaluz. Silencio... En la noche la paz de la luna alumbra la blanca ventana moruna. Silencio... Es el musgo que brota y la hiedra que lenta desgarra la tapia de piedra... El llanto que vierte la luna de abril. --Si sois una sombra de la primavera, blanca entre jazmines, o antigua quimera soñada, en las trovas de dulces cantores, yo soy una sombra de viejos cantares, y el signo de un álgebra viejo de amores. Los gayos, lascivos decires mejores, los árabes albos nocturnos soñares, las coplas mundanas, los salmos talares, poned en mis labios; yo soy una sombra también del amor. Ya muerta la luna, mi sueño volvía por la retorcida, moruna calleja. El sol en Oriente reía su risa más vieja. LIII A UN NARANJO Y A UN LIMONERO VISTOS EN UNA TIENDA DE PLANTAS Y FLORES Naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte! medrosas tiritan tus hojas menguadas. Naranjo en la corte, qué pena da verte con tus naranjitas secas y arrugadas. Pobre limonero de fruto amarillo cual pomo pulido de pálida cera, ¡qué pena mirarte, mísero arbolillo criado en mezquino tonel de madera! De los claros bosques de la Andalucía, ¿quién os trajo a esta castellana tierra que barren los vientos de la adusta sierra, hijos de los campos de la tierra mía? ¡Gloria de los huertos, árbol limonero, que enciendes los frutos de pálido oro y alumbras del negro cipresal austero las quietas plegarlas erguidas en coro; y fresco naranjo del patio querido, del campo risueño y el huerto soñado, siempre en mi recuerdo maduro o florido de frondas y aromas y frutos cargado! LIV LOS SUEÑOS MALOS Está la plaza sombría, muere el día. Suenan lejos las campanas. De balcones y ventanas se iluminan las vidrieras, con reflejos mortecinos, como huesos blanquecinos y borrosas calaveras. En toda la tarde brilla una luz de pesadilla. Está el sol en el ocaso. Suena el eco de mi paso. --¿Eres tú? Ya te esperaba... --No eras tú a quien yo buscaba. LV HASTÍO Pasan las horas de hastío por la estancia familiar, el pobre cuarto sombrío donde yo empecé a soñar. Del reloj arrinconado, que en la penumbra clarea, el tic-tac acompasado odiosamente golpea. Dice la monotonía del agua clara al caer: un día es como otro día; hoy es lo mismo que ayer. Cae la tarde. El viento agita el parque mustio y dorado... ¡Qué largamente ha llorado toda la fronda marchita! LVI Sonaba el reloj la una dentro de mi cuarto. Era triste la noche. La luna, reluciente calavera, ya del cénit declinando, iba del ciprés del huerto fríamente iluminando el alto ramaje yerto. Por la entreabierta ventana, llegaban a mis oídos, metálicos alaridos de una música lejana. Una música tristona, una mazurca olvidada, entre inocente y burlona, mal tañida y mal soplada. Y yo sentí el estupor del alma cuando bosteza, el corazón, la cabeza, y... morirse es lo mejor. LVII CONSEJOS I Este amor que quiere ser acaso pronto será; pero ¿cuándo ha de volver lo que acaba de pasar? Hoy dista mucho de ayer. ¡Ayer es Nunca jamás! LVIII II Moneda que está en la mano quizá se deba guardar; pero la que está en el alma se pierde si no se da. LIX GLOSA _Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir._ ¡Gran cantar! Entre los poetas míos tiene Manrique un altar. Dulce goce de vivir: mala ciencia del pasar, ciego huir a la mar. Tras el pavor del morir está el placer de llegar. ¡Gran placer! Mas ¿y el horror de volver? ¡Gran pesar! LX Anoche cuando dormía soñé ¡bendita ilusión! que una fontana fluía dentro de mi corazón. Dí, ¿por qué acequia escondida, agua, vienes hasta mí, manantial de nueva vida en donde nunca bebí. Anoche cuando dormía soñé ¡bendita ilusión! que una colmena tenía dentro de mi corazón; y las doradas abejas iban fabricando en él, con las amarguras viejas blanca cera y dulce miel. Anoche cuando dormía soñé ¡bendita ilusión! que un ardiente sol lucía dentro de mi corazón. Era ardiente porque daba calores de rojo hogar, y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar. Anoche cuando dormía soñé ¡bendita ilusión! que era Dios lo que tenía dentro de mi corazón. LXI ¿Mi corazón se ha dormido? Colmenares de mis sueños ¿ya no labráis? ¿Está seca la noria del pensamiento, los cangilones vacíos, girando, de sombra llenos? No, mi corazón no duerme. Está despierto, despierto. Ni duerme ni sueña, mira, los claros ojos abiertos, señas lejanas y escucha a orillas del gran silencio. GALERÍAS INTRODUCCIÓN Leyendo un claro día mis bien amados versos, he visto en el profundo espejo de mis sueños que una verdad divina temblando está de miedo, y es una flor que quiere echar su aroma al viento. El alma del poeta se orienta hacia el misterio. Sólo el poeta puede mirar lo que está lejos dentro del alma, en turbio y mago son envuelto. En esas galerías, sin fondo del recuerdo, donde las pobres gentes colgaron cual trofeo el traje de una fiesta apolillado y viejo, allí el poeta sabe el laborar eterno mirar de las doradas abejas de los sueños. Poetas, con el alma atenta al hondo cielo, en la cruel batalla o en el tranquilo huerto, la nueva miel labramos con los dolores viejos, la veste blanca y pura pacientemente hacemos, y bajo el sol bruñimos el fuerte arnés de hierro. El alma que no sueña, el enemigo espejo, proyecta nuestra imagen con un perfil grotesco. Sentimos una ola de sangre, en nuestro pecho, que pasa... y sonreímos, y a laborar volvemos. LXII Desgarrada la nube; el arco iris brillando ya en el cielo, y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto. Desperté. ¿Quién enturbia los mágicos cristales de mi sueño? Mi corazón latía atónito y disperso. ... ¡El limonar florido, el cipresal del huerto, el prado verde, el sol, el agua, el iris... ¡el agua en tus cabellos!... Y todo en la memoria se perdía como una pompa de jabón al viento. LXIII Y era el demonio de mi sueño, el ángel más hermoso. Brillaban como aceros los ojos victoriosos, y las sangrientas llamas de su antorcha alumbraron la honda cripta del alma. --¿Vendrás conmigo?--No, jamás; las tumbas y los muertos me espantan. Pero la férrea mano mi diestra atenazaba. --Vendrás conmigo... Y avancé en mi sueño cegado por la roja luminaria. Y en la cripta sentí sonar cadenas y rebullir de fieras enjauladas. LXIV Desde el umbral de